Archivo de la categoría: Represión

Antídoto contra la añoranza

No necesito una cura contra la nostalgia. Pero, claro, podría encontrarme ante un caso extremo. Digamos que un día me levanto echando de menos la esquina que nombra este blog, los amigos y parientes que no sé si vuelva a ver, el olor de mar —ahora tan distante—, o el suelo que alguna vez pisaron estas plantas. Antes de que se instale la morriña, me queda la opción de mirar esta foto hasta la nausea.

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La nausea es instantánea.

Repaso los rostros de las víctimas —esas mujeres que defienden la libertad de expresarse y asociarse— y contengo una arcada ante los puños que las asfixian.

Solo entonces recuerdo que la distancia entre patria y paria es una errata.

***
(Foto: EFE/Alejandro Ernesto).

Cuba en cuarenta y cinco minutos

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Hace un par de días, mi amiga Mónica Lavosky me invitó a visitar sus clases de español avanzado en el preuniversitario —liceo, secundaria, colegio, instituto, high school, para los no cubanos— de nuestra comunidad ubicada en las afueras de Nueva York. Esta semana el tema de la clase era Cuba y a la profesora le pareció atinado invitar a un escritor que había vivido en carne propia ese macabro experimento que es el castrismo, máxime cuando se trataba de un escritor local.

Hay un axioma “revolucionario” que aplico constantemente en contra de la maquinaria propagandística de los hermanos Castro. Lo escuché por primera vez quizá pronunciado por el dueño de los micrófonos, o tal vez de boca de algún militante de la Unión de Jóvenes Comunistas en su inútil empeño de convertirme a su Causa —la causa de la delación y de la infamia, pero Causa al fin—. El origen no importa. Lo que cuenta es el contenido: “se combate en todos los frentes”. De tal suerte —ya lo he dicho en otras ocasiones—, siempre que tengo la oportunidad de contrarrestar la propaganda del régimen, acepto gustosamente la invitación. Así que, ni corto ni perezoso, me aparecí en la escuela.

Es bien difícil, cuando no imposible, analizar a fondo el drama cubano en cuarenta y cinco minutos de una clase para estudiantes de una lengua extranjera, por muy avanzado que sea su dominio del idioma en cuestión. Pero sí da tiempo a presentar una vista panorámica del pueblo y del régimen que lo subyuga desde hace más de medio siglo.

La charla fue amena, gracias a un rango de preguntas amplio y diverso que abarcó desde lo personal —«¿qué dejé en la isla?»— hasta lo más general —cuestiones concernientes al presente y futuro de Cuba—. Traté de responder con humor —que para contar la verdad no hay que ser pesado—, pero sin trivializar el sufrimiento de un país en el que los derechos de sus habitantes han sido convertidos en privilegios.

Rescato, de todo el intercambio, dos respuestas. Alguien me preguntó cómo me había ido de la isla. «Nadando; todavía me duele el hombro», dije, y el aula entera estalló en una carcajada. Acto seguido, aclaré la imprecisión. «Uno se va de un país que respeta la entrada y salida de sus ciudadanos. De un régimen que viola ese derecho, uno no se va, uno se escapa. «¿Tiene familia en la isla?», fue la segunda interrogante. Hay dos maneras de contestarla. Para la primera variante, basta con un monosílabo. La segunda versión puede ser un poco más descriptiva e impactante. En vista de que estábamos en una clase de español avanzado y uno de los objetivos de mi presencia era precisamente que escucharan a un cubanoparlante, opté por esta última.

Como dicen que una imagen vale más que mil palabras, me lancé a construir una imagen, con menos de mil palabras. Les pedí que visualizaran una naranja: dulce, jugosa, compacta, de un naranja —valga la redundancia— intenso. «Pongamos que esa naranja es Cuba», acoté. Luego les pedí que visualizaran un cuchillo grande y filoso, de esos que son usados para cortar la carne cruda. «El cuchillo es Fidel Castro», dije y corté la naranja imaginaria que un momento antes había sostenido en mi mano izquierda. «Eso es lo que nos queda luego de cincuenta años de dictadura: una nación dividida por la geografía y la política». La metáfora —ya sé, bastante simple— caló.

Eran las 9:40 de la mañana cuando culminó mi visita. Mónica me acompañó hasta la entrada —en este caso salida— de la escuela. Nos dimos las gracias mutuamente, nos despedimos y salí rumbo a mi trabajo —¿cómo decía aquella frasecita revolucionaria?, ¡ah, sí!— con la satisfacción del deber cumplido.

***
(Foto: Santos Rodríguez).

El “ministerio del turismo” y el “arte culinario” en Cuba

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Si te encuentras en La Habana
y te gusta el buen comer,
no te vayas a perder
una delicia cubana
(¡mejor que la mejorana!).
No es pollo, cerdo, ni pato,
pero prueba el nuevo plato
que te abrirá el apetito
(y así alimentas el mito):
el elogio del chivato.

Sin novedad en el frente

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Hay un revuelo en La Habana,
un runrún —un ajetreo
de colmena en apogeo—
en la vida ciudadana.
Una practica malsana
ha puesto malo el ambiente.
¿Que se acabó el detergente?
No, queridos amiguitos:
se han sumado los “gallitos”
a reprimir a la gente.

***
(Foto: Desmond Boylan/Reuters).

En #Twitthab la vida es más bonita

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En La Habana se tutea
a la gente con descaro.
Lo que sí sale más caro
es si la gente tuitea.
Se permite verborrea
sólo si es oficialista,
habanera-estalinista,
es decir, mierda enlatada…
El plan para la jornada:
puro teque cederista.

***

Y comenta Abel:

Puro teque cederista
que teme a la diferencia,
no admite la competencia
y se las da de marxista.
Te mienta a “Villa Marista”
para infundarte temor,
o a la conga que es mejor
para no dejarte hablar
y así poderte arrollar
por 23 con calor.

***

(Foto: Aguaya Berlín).

Ni venganza ni borrón y cuenta nueva

Palabras de Pedro Pablo Oliva

23 de mayo de 2011

Palabras de Pedro Pablo Oliva a raíz de que fuera revocado como Delegado a la Asamblea Provincial del Poder Popular en Pinar del Río.

Les confieso que no hubiera querido hablar nunca de estas cosas. Han sido y son demasiado fuertes para tenerlas presente en mi memoria. Quisiera borrarlas. Si lo hago es porque algunos amigos me han pedido que no me quede callado y porque las cosas comenzaron a tomar un giro que me obliga a comunicarlas. Creo hoy que es lo mejor.

Amo mi país. Quienes me conocen saben que no es palabra dicha en falso. Preferí quedarme en mi sitio, ese que me vio empinar papalotes y recoger romerillos y que tanto necesitaba de un soplo nuevo y una visión diferente de las cosas.

Vengo del mundo de la creación artística y el pensamiento. No acostumbramos los artistas a quedarnos anclados en el terreno de lo que nos dicen, indagamos y vamos en busca de otra explicación del mundo y nos parece mucho más convincente un árbol repleto de flores que la demagogia de un funcionario. No dejamos nunca de cuestionarnos la realidad y transformarla, aún cuando nos digan ingenuos y desinformados.

Cuando hace unos cuantos años se me preguntó si estaba dispuesto a formar parte de la Asamblea Provincial del Poder Popular como Delegado y dije que sí, lo hice porque me pareció oportuno participar, en el contexto de la provincia, ayudando no solo con mi proyecto de la Casa Taller y con mi trabajo como creador, sino también con mi modesto criterio para contribuir al mejoramiento en la esfera de la cultura.

Por otra parte, pensé que era extraordinario conocer más de cerca el funcionamiento de un órgano que tenía vínculos más estrechos con el hombre cotidiano. La realidad siempre será mucho más que lo que puede decir la prensa o la televisión. La verdad que creemos palpable a veces puede resultar otra verdad.

Cuando se me citó para informarme sobre la denuncia que un delegado había presentado en mi contra con el criterio de que ya no poseía las condiciones necesarias, por las cuales fui elegido y que solicitaba se me evaluara para la separación de esa responsabilidad, confieso que nada me tomó por sorpresa.

Una serie de acontecimientos donde quedó involucrada la Casa Taller, desencadenó con el tiempo la carta que escribí a Yoani Sánchez y que fue publicada en su blog con mi aprobación. Considero hoy que aquellos sucesos fueron mal manejados por las instituciones públicas. El empleo de métodos violentos nunca sirvió ni servirá para aplacar nada en el mundo de las ideas (les remito a la Declaración de la Casa Taller publicada en su sitio www.casatalleroliva.org). También había concedido una entrevista para el programa radial de Miami “La noche se mueve”, dirigida por Edmundo García, quien ha realizado frecuentemente entrevistas en la isla a otros intelectuales cubanos.

Mis palabras expresadas en ambos sitios infringían o contradecían los estatutos ideológicos y el código de ética, por el cual se rige la estructura de gobierno, firmado por mí al asumir mi responsabilidad en el Poder Popular. Es por eso, que estuve de acuerdo con el delegado que hizo la denuncia.

Busco como todo ser humano que ama su país, una sociedad mejor, pero esa búsqueda no siempre tiene que coincidir con las ideas de un partido. No idealizo ninguna sociedad. No soy ciego, en las que he vivido, he palpado que las diferencias sociales acentúan la pobreza. La nuestra no ha cesado de tener sus remiendos cada cierto tiempo. Todas están ahí para mejorarlas con la crítica o el cuestionamiento.

Se me acusa, entre otras cosas, haber hecho públicos mis pensamientos en el “terreno de la disidencia”. No temo a ningún espacio. Por otra parte estoy convencido que ningún órgano de prensa oficial, ni periódico, ni radio, ni televisión, ni sitio web hubiese publicado mis palabras, aún cuando asumiera mi total responsabilidad. En todo caso, participar con ideas en otros espacios de debate no implica, en modo alguno, pensamientos semejantes.

Se me cuestiona también el mantener relaciones de amistad con ciertos “elementos contrarrevolucionarios”. Los amigos los escojo yo. La gente que me conoce sabe que lo mismo converso con un convencido comunista que con un liberal, una vendedora de dulces sin interés en la política, un jubilado, un maestro, un buquenque o el llamado agente Robin. No discrimino filiaciones políticas en mis relaciones con los demás.

Siempre he agradecido a un proceso social llamado Revolución y al cual, lo digo en la entrevista radial, le debo haberme podido formar como creador. Pero soy un hombre que no se queda callado ante lo que considera errado.
Quiero dejar algunas cosas claras porque también sé lidiar con la estrechez de pensamiento y las manipulaciones. No me paga la CIA, no me sostiene la Fundación Cubano Americana, ni ninguna otra, ni las embajadas Polaca y Checa con las que tengo las mejores relaciones culturales en un clima de respeto. Lo que poseo lo he logrado a fuerza de trabajo. Duro ha sido no haber perdido la lengua en estos años.

Las sociedades donde todo el mundo piensa igual, sobre todo en terrenos tan polémicos como la política o la ideología, no existen, y qué bueno. La inmovilidad de pensamiento es el cáncer de los procesos sociales. Los que me conocen del mundo artístico saben que siempre opté por la obra crítica porque me parecía que la primera función del arte era ayudar a mejorar la sociedad con el cuestionamiento o la denuncia. Eso me llevó a asumir unas veces el espíritu de un sociólogo, o de un psicólogo, y otras simplemente, el análisis del hombre-artista enfrentado a su tiempo. Dejar constancia de mi época fue el principio y fin de mi trabajo, recoger parte del estado espiritual de los años que me tocó vivir.

Todo material de pensamiento sobre Cuba es de mi interés, sea publicado dentro o fuera del país. Me gusta leer a quien piensa diferente. La isla hace rato que no termina en sus bordes.

Vivo en un país marcado cada día por gente obsesionada con partir a cualquier sitio. No es ese el país que soñé. Sé que el presidente de la nación está haciendo esfuerzos por organizar nuestra maltrecha economía, titánica labor, pero aún más lo será intentar unificar la nación espiritualmente. Ha sido mucho el desgarramiento. Pero eso sí, tengo el derecho a no estar de acuerdo con un método u otro. Tengo el derecho a la duda.

La comisión de ética creada para valorar la denuncia contra mí, determinó que me había pasado a “las filas de la disidencia”, en los términos que políticamente se valora en el país. Los demás delegados y hasta el presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular aprobaron no solo la calificación de “disidente” y “contrarrevolucionario” sino que aportaron, entre muchas, la de traidor a la Patria y hasta anexionista, expresiones que no había escuchado ni para los más radicales opositores. Me niego a aceptar esas acusaciones por el solo hecho de haber expresado mis ideas.

Tomamos la difícil decisión de cerrar la Casa Taller, porque la dirección del Poder Popular, consideró que el proyecto se había desviado de los objetivos culturales por los cuales fue fundado. Como si la cultura no fuese pensamiento, lucha y contradicciones.

Este hombre al que hoy le han colocado el traje de “disidente” o “contrarrevolucionario” no tiene ninguna intención de partir de este país. Esta tierra nos pertenece a todos por un derecho que no lo otorga un partido. Creo que fidelidad a la Patria no es fidelidad a un partido. Un partido es una propuesta social, y la Patria guarda en sí el pensamiento y el corazón de todos.

Seguiré soñando con un país mejor, derecho que tengo como ser humano. Aquí me quedo, esta es mi tierra y mi gente. Los conflictos del país, económicos, espirituales y políticos, tendrán que ser resueltos por nosotros los cubanos. Los que vivimos dentro y fuera, con nadie más. Duermo hoy tranquilo, mañana volveré a coger mis pinceles.

Pedro Pablo Oliva

(Fuente: página web del artista).

Ahora que se habla de los cubanos y el turismo…

Demos un paseo por el interior de la isla.

“Aquí no ha pasado nada”

Ya saben lo ocurrido con Juan Wilfredo Soto García: la paliza que le dieron miembros de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en el parque Vidal el pasado jueves terminó provocando su muerte en la medianoche del sábado o la madrugada del domingo.

Toda la estrategia informativa del régimen cubano para sacarse el muerto de encima parece basarse en negar que existiera tal golpiza. Ahora bien, hay un tweet del pastor bautista Mario Félix Lleonart (@maritovoz) publicado el mismo jueves 5 de mayo. Dice así:

#cuba Wilfredo apodado “el estudiante” expreso politico con problemas cardiovasculares acaba de ser golpeado en parque de S.Clara por PNR

Ese tweet solo, lanzado 3 días antes de la muerte de este hombre, desmiente la campaña del régimen de la isla:

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Mariana, la capitana

Mariana, la capitana,
trabaja en el Ministerio
que tramita el cautiverio
en los montes y en La Habana.
¡No es vulgar, ni chabacana!
Con esa voz melodiosa
―y su labor alevosa―
engaña al pueblo inocente.
Mariana, la combatiente,
¡qué vida tan bochornosa!

Oda al Chivato

Cuando a un pichón de chivato
se le erizan los pezones
es que no tiene cojones,
que es hijo de puta nato,
que goza con el maltrato…
Oh, chivato malparido,
que al vecino has agredido
y a las mujeres reprimes:
de ésta jamás te redimes.
No habrá perdón ni habrá olvido.

A un año de su muerte: ¡Zapata vive!

Diseño: Geandy Pavón.

Miguel Barnet en CUNY (video)

Sin más preámbulo, les presento el video de la charla de Miguel Barnet en el Bildner Center, cortesía —que agradezco— de Armando López. 

El Hombre Nuevo en el Exilio Horizontal

Habituado a la audiencia cautiva —por el muro de agua y por la represión imperante— que le regala el régimen cubano, Miguel Barnet tuvo a bien invitar a algunos incondicionales que moran en el área neoyorquina para que —en la más feliz de las circunstancias— hicieran bulto en su reciente charla en el Graduate Center del City University of New York o —en el peor de los casos— intervinieran con algún comentario favorable al autor o la dictadura que lo aúpa. 

Como dije antes: hay gente para todo. La ocasión se la pintaron calva a un señor que se presentó como Tomasito —me dicen que es el “Tomasito La Goyesca” que aparece en las memorias de Reinaldo Arenas—. Pues bien, después de mi intervención y para culminar la noche, Tomasito pidió la palabra y, luego de definirse como un “mal aprendiz de Barnet” dijo que la revolución —el término es suyo— podía haber cometido muchos errores, pero que —y esto que sigue es literal— «los negros que están presos en Cuba, no están presos por [ser] negros, sino por su pensamiento ideológico». Y concluyó diciendo que el día que metieran preso a alguien en Cuba por ser negro, entonces él condenaría al gobierno de la isla. 

El poeta Arístides Falcón respondió, también desde la audiencia, que es precisamente a los negros a quienes detienen los policías en Cuba y que el motivo del acoso es el color de la piel. Pero antes de que el debate pudiera continuar, el moderador dio por terminada la charla. Entonces nos dispersamos: los castristas, a la adulación; los demócratas, a comentar el papelazo. 

Esto fue, en realidad, lo mejor de la noche: descubrir como el Hombre Nuevo ha transmutado en representante del Exilio Horizontal. (El término lo acuñó mi amigo Enrisco). Pero el Hombre Nuevo que soñó el sanguinario argentino es torpe dentro y fuera de la isla. De tal suerte, pudimos presenciar al abanderado de aquella dictadura que, intentando justificarla, terminó acusándola —sin querer— en su alegato.

La vida irreal: tribulaciones de Barnet en la Gran Manzana

Tengo varios amigos que no pudieron asistir, pese a su interés, a la presentación de Miguel Barnet en el Bildner Center del Graduate Center of City University of New York. A mí ya me habían confirmado mi espacio, pero, a finales de la semana pasada, los organizadores les informaron a varios interesados que el evento estaba a cupo total. Muchos se privaron de venir ante la negativa. A Geandy Pavón —que se aventuró, a pesar de ella—, lo hicieron esperar a la entrada del salón de conferencias unos minutos. Yo, entretanto, le guardaba una de la docena de sillas vacías que engalanaban el recinto. Poco después de iniciada la charla, le permitieron cruzar el umbral. Hablaba Mauricio Font, director del Bildner Center, haciendo las veces de presentador ante la ausencia de José Manuel Prieto.

Luego de las palabras de rigor del anfitrión, Barnet tomó el podio y, con éste, la primera decisión de la noche: anunció que aunque había escrito un texto para la ocasión, prefería no aburrir a la audiencia con el mismo. Acto seguido, optó por aburrirnos “en vivo” y se puso a improvisar.

El síndrome de este-micrófono-es-mío les ha hecho mucho daño a los intelectuales orgánicos del régimen. No tienen idea de cuándo parar. Barnet habló durante una hora y quince minutos, quizá un poco más. ¿De qué? Con esfuerzo, recuerdo que hizo una cronología de sus libros, trató de involucrar a cuanto rostro reconoció en el público —«¡Muchacho, qué tú haces aquí?»; «por allí veo a la cantante Cucú Diamantes»; «éste que me filma fue mi primer editor», etc.— y divagó a montones sobre Fernando Ortiz, Lydia Cabrera, La vida real —el libro que había congregado a la audiencia—, y enfatizó hasta la saciedad su papel como Etnólogo Heredero (de Ortiz) y Antropólogo en Jefe.

Y por fin llegó el momento en el que, supuestamente, se abriría el foro a la curiosidad del público. Y Font tomó el micrófono una vez más y monopolizó el intercambio, haciendo “preguntas cómodas” que Barnet respondía cómodamente. Esto fue otra media hora en la que el presidente de la UNEAC intentó congraciarse con el respetable, haciendo chistecitos banales y declarándose negro, a pesar de sus «cuatro abuelos catalanes».

Ya era obvio que el moderador hacía todo lo posible por controlar el flujo y el contenido de lo que se le preguntaría a su invitado. Su labor era pavimentar el camino. Y la cumplió bien. Mientras pudo. Cuando quedaban unos escasos veinte minutos, las manos empezaron a levantarse. Y no le quedó más remedio. El dique se había roto.

La primera pregunta fue de corte académico. A partir de ahí se sucedieron otras más cercanas a la arena política. Todo esto, vale aclarar, transcurrió sin gritos ni insultos. Sin embargo, el maestro de ceremonias —el mismo que en una carta de respuesta a la que habíamos enviado protestando por la presencia de Barnet se escudó en la libertad de expresión para justificar su visita—, repitió a todos los que levantaron la mano que evitaran hablar de política, que estábamos allí para hablar de literatura y de cultura, ignorando a sabiendas que quien se sentaba a su lado dicta política cultural en la isla.

Hay video. Quien lo filmó me dijo que lo publicará mañana mismo. Por tanto, no voy a transcribir las preguntas ni los balbuceos de respuesta (no tan) rápida con los que Barnet intentó salirnos al paso. Pero quiero destacar dos momentos: cuando le tocó el turno a Geandy Pavón —que hizo una pregunta tan brillante como los haces de luz que conforman el rostro de Orlando Zapata Tamayo en su performance “Némesis”—, dado el cariz político del tema, Font le dio la oportunidad a Barnet de no contestar, oferta que no hizo cuando la naturaleza de las preguntas no era diametralmente opuesta al régimen. El visitante, ni corto ni perezoso, se acogió a la Quinta Enmienda.

Acto seguido, aunque ya casi caía el telón, por fin, me colé por el hueco de la aguja. Tampoco transcribo lo que dije (ya se verá en el video). Pero sí señalo un elemento llamativo: me sorprendió la inmadurez política y la absoluta falta de práctica del intelectual orgánico —tomo a Barnet como referente— en el campo del debate. Acostumbrado como está a preguntas fáciles, cuando escucha algo que se sale del guión, se encoleriza, opta por el histrionismo —«mi conciencia está tranquila, yo no tomo meprobamato»—, da el puñetazo en la mesa y termina gritando una consigna. Esto, repito, es Miguel Barnet, un señor que, supuestamente, ha de tener el don de la palabra.

El escriba oficial hizo su papel ante el representante de la Misión de Cuba ante la ONU, que, si no me equivoco, estaba en mi misma fila, a unas sillas de distancia. Y salió del local con las orejas rojas. Lo vimos de nuevo —y esto es puramente casual— en los bajos del edificio, mientras sus acompañantes —que hay gente para todo— intentaban parar un taxi. Nadie dijo nada. Ya todo estaba dicho.

¿El saldo de la noche? Tal vez el folclórico visitante aprendió que donde se cultiva la libertad de expresión —incluso si se trata de “territorio enemigo”— pueden haber representantes de ideologías opuestas bajo un mismo techo sin que esto degenere en los actos de repudio que él tanto apoya en la isla. Y a lo mejor hasta se enteró de que la vida real no es como él se la imagina.