En la misma primera plana digital del diario El País —pero una pulgada a la izquierda del excelente artículo de Antonio José Ponte y de la nota de Maite Rico sobre el asesinato premeditado del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo— aparece, sonriente, como quien no quiere la cosa, el vetusto dictador cubano. Se ríe con Lula, mostrando esa decrépita sonrisa que sabe sacar cuando celebra la muerte ajena. “¿Y de qué se ríe este hijo de puta?”, se pregunta uno. Pues se ríe —aunque no en ese orden— del diario español, que lo llama por su nombre de pila, con esa familiaridad que no se permite para tratar a ningún otro tirano. Y se ríe de los lectores del periódico, que ya no tienen excusa para no condenar la sistemática crueldad del régimen cubano. Y se ríe de las cumbres y comisiones inter o iberoamericanas celebradas o por celebrar a cualquier lado del Atlántico. Y se ríe, estrepitosamente, de los derechos humanos. Y se ríe, por sobre todas las cosas, de la dignidad humana. Enseña la cajetilla, junto al mandatario brasilero, como si fuera día feriado, como si no pesara sobre él y su dictadura la vida que le acaban de arrancar al hijo de Reina Luisa Tamayo.
En fin —y a modo de pie de foto—: a la izquierda, la Cuba de las poses. A la derecha, la Cuba de la realidad, en la que la infinita vileza de los hermanos Castro ha matado a un hombre. No lo dejaron morir de hambre. Lo mataron.
Ah, pero eso no es todo. Hay otra Cuba en El País… y resulta que está en venta. Adelante, damas y caballeros. Pasen, señores, pasen. El gran circo de Domingo Baltasar abre sus puertas… que aquí no ha pasado nada. Me refiero, por supuesto, a la Cuba de las poses, sólo que cincuenta años antes: por unos minutos, la “noticia” de que siete fotos de Korda serán subastadas en los primeros días de marzo estuvo en la página principal y luego desapareció. ¿Qué fotos venden? El espejismo, la misma postal de siempre: la dichosa miliciana con fusil al hombro, el sanguinario Che Guevara semidesnudo y de pesquería, los hermanos Castro y el argentino jugando golf… Escribo “por unos minutos” pues parece que los editores del diario entendieron que es de mal gusto vender la nostalgia revolucionaria —que tanto aprecia la progresía miope— en la misma página en que se anuncia que ese régimen de criminales fotogénicos acaba de cobrar otra vida.








































El pasado 9 de octubre, el presidente Barack Obama, Comandante en Jefe de las fuerzas armadas de Estados Unidos —país inmerso en dos guerras que parecen no tener fin—, se despertó con una insólita sorpresa: le habían otorgado el Premio Nobel de la Paz.
Si usted es cubano, tiene un bebé de meses y ya está harto de las nanas tradicionales, le invito a que tome prestadas las que por estos días 

En cabecera, la editorial
Y ahora viene lo bueno. Abajo, en la columna de la izquierda —ja, ¡la izquierda!—, figuran dos patrocinadores que ni en la peor de sus pesadillas el Granma pudo haber concebido: 

