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Encuentro (neoyorquino) de la cultura cubana

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Pocas cosas hay tan insignificantes como un escritor en el lanzamiento de un libro de otro escritor. Pero por los amigos soy capaz de dejar el ego en casa, así que el viernes pasado me di un brinco a la lectura de mi apreciado David Unger, que presentaba su novela Para mí, eres divina. Sabía que iba a pasar un rato espléndido, y no estaba errado. (Sobre el libro volveré, con avance y comentario). Por lo visto, había cupo en el público para dos escritores cubanos: R. estaba ahí. (No revelo su nombre pues me interesa lo arquetípico de su comportamiento, no las circunstancias individuales. Pudo venir de cualquier miembro de eso que llamamos “exilio rosa” o de baja intensidad. Si esta crónica la escribiera R., yo sería también una inicial, un arquetipo: el del “exilio vertical”, que le dicen).

Después del saludo inicial y un intercambio mutuo y ligero, propio del boxeo a distancia, R. me soltó una ligereza que no es tal. «Te vi gusaneando», me dijo, con ese tono a medio camino entre la broma y la admonición tan socorrido entre los cubanos que no quieren meterse en la cosa política. Se refería a mi intervención sobre arte y activismo social en Estado de SATS. En otras ocasiones, R. y yo hemos tenido discrepancias que han comenzado con comentarios de igual índole, han subido de tono y han culminado antes de que la sangre llegara al río. Pero solo en este momento hizo su debut el término “gusano”.

Pude haberle recitado mi respuesta, una cariñosa décima que escribí precisamente para este tipo de situaciones y comienza así: “Gusana será tu abuela, / si la tienes, malparido…”. Pero estaba de muy buen humor, por tanto opté por mi lado más civil. Le dije que no me bestializara. Con esas palabras. (Un amigo entrañable aun se burla de mí pues hace más de un lustro, luego de un simpático malentendido, le dije que “me estaba ninguneando”; en lugar de articular el reproche en cubano; así: “me estás tirando a mierda, compadre”). Regreso a R. y sus anélidos: le comenté que jamás he usado el peyorativo “gusano”, ni ninguno de sus derivados —gerundio, infinitivo, participio— para definirme, pues no me gusta renegar de mi condición humana, máxime cuando el calificativo proviene de la maquinaria represiva castrista, la misma que ha establecido que solo los revolucionarios son gente. Le expliqué que al hablar en pro de la democracia en Cuba, en Estado de SATS o en cualquier parte, estaba defenfiendo y ejerciendo un derecho —suyo, mío—, y que mal andamos si años después de haber dejado la jaula grande todavía hay quienes siguen reproduciendo el lenguaje estigmatizador y totalitario de aquella dictadura que se ha eternizado en el poder prometiendo villas y castillas, pero ha dejado a su paso una estela de muerte y esa ruina —socio-económica y, sobre todo, moral— de la que será muy difícil desprenderse.

Esta esgrima verbal que describo aquí en par de párrafos duró menos de lo que tardé en redactarla. Sin embargo, ofrece metros y metros de tela por donde cortar, y he aquí el primer tijeretazo: ¿de haber sido mi interlocutor no cubano, tendría más peso el insulto? El primer paralelo que me viene a la mente es el de los negros o afroamericanos (o como quiera que la corrección política les llame esta semana): entre ellos se pueden referir a sí mismos con “la palabra que empieza con n”, pero un blanco o caucásico (o como quiera que la corrección política le llame esta semana) no puede pronunciar dicha palabra. ¿Es aplicable esto a los cubanos? ¿Acaso puede un “gusano” llamar a otro “gusano”, sin quedar ambos en afrenta y oprobio sumidos? Por otra parte, R. no es “gusano”, y yo —que encajo en el perfil designado por la dictadura de los Castro— no me defino como tal.

Lo cierto es que cambiamos de tema, o se sumó alguien al diálogo, y la velada prosiguió sin sobresaltos. Antes de salir de la librería, comenté que iba a The Duplex, un emblemático bar/cabaret neoyorquino, para asistir al concierto de la bolerista Lourdes Simón y el tanguero Miguel Erb, acompañados de Pablo Corso en la guitarra. Sabía que iba a pasar un rato espléndido y no estaba errado. (Sobre el concierto volveré, con avance y comentario). R. me dijo que le hacía camino mi próxima parada de la noche y salimos andando. Durante la caminata no salió a relucir el tema inicial: hablamos de los escritores de la Generación del Mariel y en específico de mi predilecto Miguel Correa Mujica —y de su novela que traduje al inglés—, de la novela cubana de mi esposa —que R. me volvió a confesar que había disfrutado mucho y que pide una edición en español—, de la mía —de la que también se pronunció favorablemente—, de la que acaba de escribir, de los altibajos del mundo editorial, de las infamias del mundo académico (o viceversa), y vete a saber de qué más.

Nos despedimos a la entrada del metro en Sheridan Square, agradeciéndonos mutuamente la charla y la compañía. Y desde entonces he tenido ganas de encontrármelo de nuevo, para recordarle esa perogrullada de que a mayor libertad, mayor responsabilidad. La libertad no es vivir en una sociedad libre. Se puede ser libre en Cuba, del mismo modo que se puede vivir en cadenas en el exilio. Uno empieza a ser libre desde el momento en que se define y se proyecta como tal. Si he escrito este texto es para decirle a R. —y a cualquier cubano que se haya (o lo hayan) rebajado a la estatura y condición de las lombrices— aquella frase que ya escuchó Lázaro: «¡Levántate y anda!».

Pie de foto con figura irreconocible

A propósito de un “diálogo” que duró más de nueve horas entre esa metástasis que es Fidel Castro y un cúmulo de posibles pacientes de la Liga Contra la Ceguera, el sitio CubaDebate —notable por escribir “presidente” donde va “dictador” y otras infamias similares— regala una foto curiosa. Curiosa porque muestra al susodicho compartiendo panel con un pelilargo y una negra —no relean, escribí “negra”—, pero curiosa también por la leyenda que complementa la imagen. En la instantánea, sentado entre el “ministro de cultura” y una señora con quien comparto apellido —pero no parentesco—, aparece el nefasto personaje, esta vez sin el uniforme que lo hiciera reconocible durante décadas o el más reciente chandal ADIDAS con la bandera cubana y el nombre del portador. Llama la atención que los editores del sitio más entusiasta de esa tiranía tengan que especificar cuál de los tres panelistas es el que ha sembrado el luto en la isla durante medio siglo. Como si uno no se supiera esa odiosa cara de memoria. O es acaso porque entre tantas sandeces repetidas, tanto rictus, tantas muecas y tanta cámara hiperbárica ya ni sus acólitos sean capaces de reconocerlo.

“Fidel Castro (al centro)”, aclaran los de CubaDebate, y Abelito y Zuleika se ríen de la ocurrencia.

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Estado de SATS: sobre arte y activismo social, desde La Habana

Tengo el placer de compartir la continuación del panel de Estado de SATS dedicado al binomio arte + activismo social. Participan, desde La Habana, Górki Águila, El Sexto, Orlando Luis Pardo Lazo y Lía Villares. (Aquí pueden ver la primera parte, con intervenciones de Paquito D’Rivera, Enrique Del Risco, Geandy Pavón y este escriba).

Transcribo mis preguntas, seguidas del video.

De Alexis Romay para El Sexto

A la máxima del régimen de “esta calle es de Fidel”, le has respondido estampando tu arte en el espacio público. También has vindicado tu espacio individual y a la difunta Laura Pollán, fundadora y líder de las Damas de Blanco, tatuándote su efigie en el pecho. En tu caso, ¿dónde termina el arte y comienza el activismo social? ¿O son uno los dos?

Para Orlando Luis Pardo Lazo

Además de tu intensa labor como escritor y fotógrafo, te has involucrado en varios proyectos editoriales alternativos. La revista Voces es el más reciente ejemplo. La misma desconoce esa división que tanto promueve el régimen de la isla entre “cubanos de adentro” y “cubanos de afuera”, y publica a creadores de las dos orillas. Imagino que, además de los consabidos problemas de conexión, tienes que sortear todo tipo de trabas para llevar a cabo este proyecto. ¿Cómo te las arreglas? ¿Qué podemos hacer para echarte una mano?

Para Lía Villares

Los bloggers alternativos cubanos dentro de la isla —movimiento del cual eres pionera y miembro activo— han conquistado el ciberespacio, ejerciendo derechos que les son conculcados en la vida real. Luego de ganar esa parcela en el mundo virtual, ¿cómo se puede traducir este logro en terreno ganado en la calle, en un país notable por su escaso por ciento de conectividad a internet? ¿Cómo se “conecta” una blogger cubana con su vecino, un lector en potencia que no tiene acceso a la red de redes?

Para Gorki Águila

En lugar de optar por la estética nostálgica y a ratos plañidera de la Nueva Trova, te has consagrado con el estilo transgresor del punk, al punto de que en “El Comandante” subes la parada a límites inéditos en la canción protesta. La dictadura de los Castro ha establecido que “el arte es un arma de lucha de la revolución”. Y tu respuesta es un guitarrazo que propone un cambio radical a la dieta del susodicho. ¿Crees que el arte y, en específico, tu obra, puede ser un arma de lucha en pro de la democracia en Cuba?

Pregunta general

Completa las siguientes frases:

Lo bueno del matrimonio entre arte y activismo social en Cuba es…

Lo malo del matrimonio entre arte y activismo social en Cuba es…

Un minuto, de Paquito D’Rivera

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¡Un minuto!

Cuando los organizadores del Transient Glory Symposium me pidieron que escribiera una pieza de un minuto de duración para el maravilloso
Young People’s Chorus of New York City, pensé que me estaban tomando el pelo. Pero entonces recordé a Chopin y su famoso “Vals de un minuto” (que muy pocos intérpretes logran terminar a tiempo), llamé a mi amigo poeta Alexis Romay para que me echara una mano con la letra, y me lancé a trabajar.

Lo primero que hice fue preparar una página con 30 barras y la marca del metrónomo a 120 negras por minuto. Entonces acomodé una sencilla melodía rítmica a las palabras en español e inglés que ya había escrito con las que me envió Alexis, comenzando con la frase: Un minuto, tengo solo un minuto para cantar esta canción. All I’ve got is a minute to sing this song, poco a poco compuse esta canción bilingüe y medio humorística que dura exactamente eso: ¡solo un minuto!

Paquito D’Rivera
Febrero de 2012

***

Un minuto

Música: Paquito D’Rivera
Letra: P. D’Rivera & Alexis Romay

Un minuto, un minuto.
No preguntes cómo o cuándo,
el tiempo pasa volando.
Tengo solo un minuto
para cantar esta canción.

All I’ve got is a minute
To sing this song.

Just a minute?
Do you mean it?

Hurry up, please it’s time!
Don’t you see, time is gold?

Un minuto diminuto,
¡y no tengo sustituto!

Just one minute,
Only a minute, got a minute.

Solo tengo un minuto.
Un minuto diminuto.
Solo un minuto.
Un minuto.
Hurry up, time flies!
All I’ve got is one minute.

Y el tiempo pasa volando.
Se acabó el minuto.
Ssshhhh!!!

Silvio Rodríguez dice “basta y echa a andar”

(Ecuador Press). Quito, 27 de diciembre

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Luego de décadas de ofrecer su apoyo constante e incondicional al régimen de los hermanos Castro, el controvertido cantautor cubano Silvio Rodríguez ha roto públicamente con el gobierno que le «dio razón de ser». La ruptura pisa los talones a su reciente descontento respecto al derecho de los cubanos a entrar y salir de su país sin necesitar el visto bueno del gobierno de la isla.

Su malestar con el régimen cubano salió a flote en la capital ecuatoriana, durante el concierto que cerraba su “Gira por la otra América”. Fue a raíz del estreno de “El ciego” —considerada por los conocedores de su obra como una continuación de “El necio”, canción insignia del trovador, que dedicara en la década de los noventa al mismísimo Fidel Castro—, cuando Rodríguez tuvo que interrumpir la guitarra para recitar el estribillo, casi entre lágrimas:

El sueño se volvió mil pesadillas.
Los muertos en el mar mueren de olvido.
Que nadie me perdone lo vivido.
Mi Alicia se quedó sin maravillas.

«El sueño que añora mi canción», comentó el juglar durante la entrevista posterior al concierto, «fue la promesa malograda de la revolución. Ya le he dedicado casi cinco décadas, cantándole las loas, cual si fuera su bardo oficial. Y lo he hecho como un soldado de la palabra, con el orgullo del deber cumplido. Pero cada vez se hace más difícil defender lo indefendible. La reciente negativa oficial a emprender la reforma migratoria tan anhelada por el pueblo ha sido la gota que colmó la copa. Hoy Silvio Rodríguez ha dicho basta y ha echado a andar. Ese estribillo, que hace alusión a los balseros, es un anuncio de lo que vendrá. Componer la oda a todos los que han perecido en el intento de fuga de la isla es mi tarea pendiente».

El cantante se negó a confirmar si sus palabras deberían ser interpretadas como una deserción política. Tampoco confirmó ni negó si regresaría a la «isla-cárcel», como se refirió a su tierra natal a lo largo de la noche.

«Antes de marcharme, quiero que conste que Amaury Pérez, además de que nunca fue trovador, siempre fue un chivato», dijo, antes de dar por terminada la rueda de prensa, aunque ningún periodista supo a ciencia cierta de quién estaba hablando y el cantautor —que desapareció como si se lo hubiera tragado un rabo de nube— no se molestó en aclararlo.

***
Actualización de las 10:35 pm del miércoles, 28 de diciembre

Estimados lectores de Belascoaín y Neptuno: ¡Feliz día de los inocentes!

Paquito D’Rivera: Si tu teléfono no suena, ¡soy yo!

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En abril del año 1977, con Jimmy Carter en la Casa Blanca, procedente de los Estados Unidos el crucero Daphne, de gira por el Caribe, tocó puerto en La Habana. La prensa nacional, que solo habla de los supuestos logros del castrismo no publicó ni una letra del arribo de aquel barco enorme que traía a bordo, por primera vez desde 1959, un distinguido e impresionante grupo de músicos y periodistas norteamericanos. Años más tarde, mi amigo Arnold Jay Smith me contó que hasta Ry Cooder, quien sería productor del famoso “Buena Vista Social Club” venía con él a bordo. Yo me enteré porque Arturo Sandoval, que casualmente pasaba por allí, reconoció a Dizzy Gillespie saliendo del buque, lo convenció de que se montara con él en su destartalado Opel de los cincuenta y, después de pasearlo por las ruinas de aquella ciudad otrora vibrante y hermosa como pocas, se lo llevó para mi casa en Marianao, al extremo oeste del pueblo. Yo no estaba, así que me dejaron una nota en “Spanglish” escrita sobre una bolsa de papel, pegada a la puerta y firmada por el autor de “A Night in Tunisia”. Cuando llegué, por supuesto que no entendía nada, hasta que un oficial del Ministerio del Interior se personó en casa y ordenándome agarrar mi instrumento y montarme en su automóvil militar, sin más explicaciones me llevó a toda carrera al hotel Habana Libre (antiguo Hilton), donde me esperaba la sorpresa de mi vida; un session con algunos de los músicos que yo más había admirado desde mi niñez. Entre ellos: Stan Getz, Earl “Fatha” Hines, Rudy Rutheford, Rodney Jones, David Amram, Jon Ore, Mickey Rocker, Joan Brackeen, Ron McClure, y por supuesto Dizzy Gillespie, quien durante unos minutos que estuvimos charlando en una de las mesas, lo primero que me pregunta es: “¿Tú conoces a James Moody?”, y sin darme tiempo a contestar agregó: “Es la persona más dulce que existe en el mundo… ¡Y chistoso también!”. Una sonrisa tierna y traviesa a la vez se dibujó en los labios del legendario trompetista al mencionar a su amigo y compañero de tantos años. Obviamente el autor de “Moody’s Mood for Love” tenía un significado muy especial para él, que había tenido a su lado los más emblemáticos saxofonistas de la historia del Jazz, desde Coleman Hawkins, Don Byas y Charlie Parker hasta Sonny Rollins, Jimmy Heath, Phil Woods, Sonny Stitt y John Coltrane.

Aquel encuentro en mi país de origen marcó el inicio de una larga y fructífera relación, y una de las cosas que más agradezco a Dizzy fue la oportunidad de conocer y trabajar extensivamente con James Moody, un músico de primera línea, cuya mejor virtud fue nunca pensarlo dos veces para preguntar qué estaba haciendo mal, para así mejorarlo y ser de utilidad para el conjunto. Su deseo de superación era en él una característica poco común en artistas admirados y de larga y exitosa carrera. Su preocupación por tocar afinado, ampliar sus conocimientos armónicos, leer correctamente y frasear parejo con los demás es poco frecuente en un ambiente plagado de “superestrellas”, cuyos egos parecen estar por encima de la palabra “team-work”, y muchos parecen desconocer el término “unísono”.

Moody tuvo también una suerte muy merecida al encontrar a Linda, una mujer extraordinaria que supo cuidarlo hasta el final, entenderlo y sobretodo ser una buena amiga de sus muchos amigos, que llegamos a quererla tanto como lo quisimos a él mismo. Ella queda entre nosotros como parte integral del valioso legado musical y humano que él nos deja.

Acerca de su fino sentido del humor, Moody hacía gala de él, sobre todo en los momentos más críticos. Una vez, recuerdo que en medio de una gira europea, habíamos tenido un disgusto con uno de los músicos, que era muy problemático. Aunque no hay que entrar en detalles, la cosa se puso muy fea y hubo que deshacerse del revoltoso, que salió de allí como perro que tumbó la olla. La mala vibra salió a flote y la tensión se podía cortar con una tijera. Entonces Moody rompió el silencio recitando tragicómicamente mientras señalaba en la dirección por donde el hombre había salido: “Óyeme bien lo que te voy a decir, pendejo: si tu teléfono NO suena, ¡soy yo! ¿Ok?”.

Dizzy tenía razón: James Moody era muy chistoso también; y estoy seguro que él agradecería ser recordado con una sonrisa en los labios, tal y como era él.

Paquito D’Rivera
New York, Navidad del 2010

***
(Foto: Geandy Pavón).

No te doy una canción

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Esa cosa plañidera,
melodramática y boba
que se llamó Nueva Trova
y alucinó que la Era
se vestía de partera,
se burló de los creyentes
y hasta soñó con serpientes
y con la foto de Korda,
en Cuba es ciega y tan sorda
y acosa a los disidentes.

***

(Foto: Santos Rodríguez).

Carlos Varela: El arte de bañarse en el río y guardar la ropa


Hoy prepara las maletas
—ya que viene a La Florida—,
y habla con voz convencida
de la libertad: las tretas
—las abstractas, las concretas—
que quien piensa diferente
en el pueblo penitente
tiene que enfrentar a diario,
desde aquella isla-calvario
hasta la orilla de enfrente.

Saber dónde anida la virtud

Mi amigo Raúl Ciro —de quien he escrito aquí, y cuyas canciones tarareo a mi niño cuando se va a dormir y cuando se despierta— dio un concierto la semana pasada en Granada, su tierra adoptiva. El motivo fue un proyecto multi-disciplinario titulado “Vergeles Paradiso: cuatro fotógrafos y una cabina de cine” que el propio Ciro capitanea y que tiene su cuartel general en Cinemas Los Vergeles, recinto que ha deleitado durante tres décadas a los vecinos del barrio granadino del Zaidín.

Esta es la crónica de la exhibición-concierto, publicada en Granada Hoy.

Y aquí les dejo el concierto:

Vergeles Paradiso. Babakar Kamara, Mario Ojeda y Raúl Ciro. 2011. from cirope follao on Vimeo.

¡Sí, Libia!

Por Paquito D’Rivera

Hace años, Willy Chirino puso de moda una guaracha que el estribillo decia: “Si se pone una mini, ¡castígala!, si se pone un bikini, ¡castígala!”. La canción trataba sobre un tipo billetudo cuya mujer era media ligera de cascos, y el hombre, cada vez que ella hacía de las suyas, la castigaba regalándole una mansión, un coche deportivo último modelo o unas vacaciones con sus amigas en la Bahamas.

Bueno, pues parece que al gobierno americano, o se ha tomado demasiado en serio la parodia de Chirino, o alguien más los habrá convencido de aplicar tan peculiar concepto disciplinario a los más crueles y peligrosos dictadores de este convulso mundo nuestro. En Febrero del 2008, en un gesto amistoso y conciliador, los gringos mandaron la Filarmónica de Nueva York a un concierto de gala en Corea del Norte. Naturalmente, el despótico Kim Jong-Il ni se molestó en asistir, y a modo de respuesta, se dedicó a incrementar aún más su amenazante arsenal atómico. Dos años más tarde, en Cuba sucedían, entre otras atrocidades, la condena a 25 años de prisión al médico pacifista afrocubano Dr. Oscar Elías Biscet —fiel seguidor de las ideas de Martin Luther King—, la muerte en huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo, los maltratos físicos y mentales a su madre Reyna Luisa y a las abnegadas Damas de Blanco, el encarcelamiento de cientos de disidentes y hasta la detención arbitraria del norteamericano Alan Gross. Acto seguido, tal pareciera como que celebrando tantos horrores, el New York City Ballet, la orquesta de Wynton Marsalis y la de Chico O’Farrill, bajo la dirección de su hijo Arturo, viajan a Cuba cordialmente invitados por el Ministerio de Cultura de la dictadura más antigua (y ridícula) del planeta. “Nuestra visita no tiene carácter político, sino estrictamente musical”, alegaron ingenuamente los visitantes, como si en un país totalitario como Cuba, todo, absolutamente todo, no tuviera intenciones marcadamente políticas.

Los ejemplos de “agresiones amistosas” de los norteamericanos contra naciones desgobernadas por interminables tiranías han sido muchos y de colores. Del vergonzoso caso de China es mejor ni hablar, aunque también hay que reconocer que esta masiva escalada represiva por parte de la dictadura de los hermanos Castro, logró por fin que más y más naciones se unieran en condenar internacionalmente estas 5 décadas de abusos y arbitrariedades. Mientras tanto, el gobierno del presidente Obama, como siguiendo fielmente el estribillo de Chirino, “castiga” al represor estimulando los viajes e intercambios culturales —unilaterales, claro— entre artistas americanos y sus homónimos en (lo que queda de) la Isla en ruinas. Para el castrismo, esto se traduce básicamente en una considerable entrada extra de divisas, además de auspiciar un enorme festival cubano en la ciudad de los rascacielos que les facilita usar libremente el territorio de los Estados Unidos como una enorme nave de exposiciones donde se exhibe única y exclusivamente lo que ellos decidan. Como es de esperarse, en dicha muestra, titulada ¡Sí Cuba! no figuran para nada las valiosas contribuciones de Celia Cruz, Cachao, Guillermo Cabrera Infante, Zoé Valdés, Andy García, Gaston Gaquero, Olga Guillot, Carlos Alberto Montaner, Bebo Valdés, y tantos otros gigantes de la cultura nacional contrarios al comunismo, y que han sido borrados sistemáticamente de los libros de historia de nuestro sufrido país natal.

De modo que siguiendo los ejemplos anteriores, en este instante en que los libios, apoyados por el mundo civilizado libran una batalla crucial en contra de Mohamar Gadaffi (o como demonios se escriba), yo propondría entonces que a través de la embajada Libia en Washington, le pidiéramos al Ministerio de Cultura del coronel beduino, que nos organizaran un festival “¡Sí, Libia!”, más o menos como el de Fidel, pero en vez de mambos y rumbitas, con nawbah y takambas que es como llaman a ciertos estilos musicales que practican los libios (los que aún quedan vivos, quiero decir).

Los festejos que sugiero darían inicio con una gran marcha a lomo de camellos y dromedarios, cedidos en calidad de préstamo por todos los parques zoológicos de la nación que tuvieran animales de dicha especie en sus instalaciones. Los camelleros, vestidos a la usanza del desierto, irían portando sables curvos, puñales, granadas de mano, banderas libias y estandartes verdes, pancartas anti-yanquis, fotos ampliadas del Hermano Líder y Guía de la Revolución, y fusiles AKG que los jinetes dispararían al aire de cuando en cuando. (El posible lanzamiento de las granadas y otros explosivos contra posibles manifestantes opuestos a la marcha se sometería a votación democráticamente en el seno del comité del gobierno libio, organizador del evento).

La cabalgata, precedida por la BPSJ (Banda Palestina de Suicidas Jubilados) y por mujeres cubiertas con velos y burkas, saldría desde Times Square hasta la explanada de la “Zona Cero”, donde con la cooperación voluntaria de la Casa de las Américas, los Maceítos, la brigada Venceremos y las representaciones diplomáticas de Venezuela, Cuba y Nicaragua, se armaría la legendaria tienda beduina del dictador… perdón, del líder. Una vez en el barrio, se haría un rezo en la mezquita que se habló de construir por allí y que tanta controversia causó entre las intolerantes familias de las victimas de aquel incidente de las torres gemelas hace ya demasiado tiempo. Al terminar los rezos, se repartirían gratuitamente pinchos morunos, cuscús con garbanzos y testículos de chivo. Así mismo se leerían pasajes del Corán y se obsequiarán ejemplares del famoso Libro Verde, autografiados por el insigne autor, padre de la revolución.

Un niño libio, armado de su ametralladora y vistiendo una remerita del Che Guevara, develará una hermosa estatua de Benjamín Netanyahu colgando por el cuello de un olivo, en medio de la histórica plaza que antes ocuparan las torres gemelas, símbolo del capitalismo. Al final de la ceremonia, el alcalde Bloomberg leería una proclama declarando el día oficial de Trípoli en Nueva York, y como prueba de la tolerancia islámica, Louis Fahrakan, acompañado de la Banda Palestina de Suicidas Jubilados, interpretaría la versión en árabe de “Castígala”, de Willy Chirino, orquestada especialmente por Robert Mugabe para la ocasión. Y ya, para cerrar con broche de oro, al grito de ¡Síiii Libiaaaa!!!, los 100 miembros de la banda palestina, accionando sus chalecos explosivos, volarían en menudos pedazos, y a nombre de la hermandad eterna entre nuestros pueblos, se quemarían 50 banderas americanas, 49 israelitas y un Cohiba… ¡Allah-Akbar!

Comunicado de prensa de Porno Para Ricardo

COMUNICADO DE PRENSA de PORNO PARA RICARDO
La Habana, 27 de noviembre 2010.

Los integrantes de Porno Para Ricardo fueron detenidos ayer viernes, cuando viajaran rumbo a casa de Silvio Benítez (presidente del Partido Liberal de la República de Cuba) en Punta Brava, para ir a dejar parte de los instrumentos que utilizarían para el concierto “Yo amo a mi CDR”. Este concierto estaba previsto para dar inicio a la gira del mismo nombre.

Ciro Díaz (guitarrista), Hebert González (bajista) y el fotógrafo Claudio Fuentes fueron llevados a la 5ta. estación de Playa y Gorki Águila (cantante) y William Retureta fueron llevados a la estación de Siboney. Todos fueron esposados y conducidos en patrullas, hasta las estaciones de policía, donde se les acusó de “portar instrumentos de dudosa procedencia”.

Diez horas más tarde los soltaron.

El concierto previsto para esta noche a las 7 de la noche será cancelado puesto que los instrumentos y el equipo de sonido no podrán ser transportados y corren el riesgo de ser decomisados por las autoridades. Gorki Águila ha reportado el acoso de una patrulla que lo sigue a todos lados desde el anuncio del concierto.

El día de hoy, sábado 27 de noviembre, Gorki ha sido citado por las autoridades en las Oficinas de Migración y Extranjería; aun se desconocen los motivos, pero se teme que la citación esté relacionada con la invitación que el grupo ha recibido para asistir a Los Ángeles California, a un evento cultural que contara con la presencia del líder polaco Lech Walesa y de Patty Smith.

Los nuevos revolucionarios

Los aldeanos y Silvito “el libre” andan de visita por las fértiles tierras del norte. Y, ya que vienen a cantar, también han hecho declaraciones a la prensa.

Quería escribir al respecto. Pero Enrisco me lo ha quitado de la boca.

La diferencia entre el texto de mi amigo y el que no escribí es que ha dicho lo justo y lo preciso en dos párrafos y temo —verbo del día— que a mí se me habría enredado un poco la pita.

Eso que llaman “sabor cubano”

El Boris sacó otro disco:
viene con conga nocturna,
con su serenata diurna,
con una pizca de pisco.
Para enderezar al bizco,
para que te dé la cuenta
(hoy, que amenaza tormenta).
Para que lo baile el cojo
y acabe con el mal de ojo…
¡Cómpralo, que está a la venta!

Paquito D’Rivera en concierto

El pasado 3 de mayo de 2010, en su concierto en el Ellebash Recital, Paquito D’Rivera debutó su obra “Ladies in White” —en homenaje a las Damas de Blanco, el grupo de mujeres cubanas que demanda la excarcelación de sus parientes injustamente encarcelados—. La pieza fue encargada por la Foundation for Iberian Music.

Aquí pueden ver el concierto de principio a fin.

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Son de Artemisa y Mayabeque

Son de Artemisa y Mayabeque
Letra y música (por llamarle algo): Alexis Romay.

Yo soy de donde hay un río, de la punta de una loma.
Yo que vivía en La Poma, ahora soy del caserío.
Mayabeque, Artemisa,
aunque yo quiera llorar, el caso tuyo da risa.
Artemisa, Mayabeque,
yo que vivía tan tranquilo y me jodieron con el trueque.

En Cuba piden cambios. Y aunque yo no me asombre,
aquel hijo de puta ayer le cambió el nombre
a toda una provincia: ¡a la vetusta Habana!
El sinvergüenza hace lo que le da la gana:
escribe incomprensibles y largas reflexiones,
reprime a los cubanos, nos toca los cojones.
Hablo de Quién-tú-sabes, de Castro, el troglodita:
homófobo, machista y, claro, antisemita.

Ay, viejo infame y torpe, que la isla has destrozado,
que crees que eres la patria, la tierra y el estado,
que de un plumazo cambias la pobre geografía
de aquel país secuestrado por tu ideología:
con cónsules que muerden, con prensa maniatada,
con escasez de sal en una isla salada,
y un pueblo que ha perdido su amor por el trabajo
y aquella juventud que quiere irse al carajo.

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