Archivo de la categoría: Misceláneas

Ah, esa inocencia infantil

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Acabo de traducir esta oración en un libro para niños que nada tiene que ver con Cuba: “Ella resultó ser la madre del Comandante”.

Eso de mentarle la madre al Comandante, incluso a través de la literatura infantil, me ha provocado grato placer que comparto con propios y ajenos.

El libro en cuestión no importa. Pero, vamos, repitan conmigo: ¡La madre del Comandante!

(Foto: Santos Rodríguez).

“Némesis”: retrato de Ai Weiwei

“Némesis” es un proyecto del artista cubano Geandy Pavón. Más detalles sobre el proyecto, aquí.

Simpatía y melancolía: Lars Von Trier y el doble rasero

Lars Von Trier, el enfant terrible de la cinematografía danesa, metió la pata hasta el cuello en una conferencia de prensa, con motivo de su película “Melancholia”, en el Festival de Cine de Cannes. Cuando le preguntaron acerca de [llene este espacio; es irrelevante], respondió: 

“Yo en realidad quería ser judío y entonces descubrí que, en realidad, era nazi, pues mi familia es alemana. Y eso también me produjo algún placer. Entonces, yo, ¿qué puedo decir? Entiendo a Hitler. Pienso que hizo algunas cosas malas, pero lo puedo ver sentado en su búnker. Estoy diciendo que creo que entiendo al hombre. No es lo que llamaríamos un tipo con onda, pero sí, entiendo mucho de él y simpatizo con él”. 

Parece que el título de su más reciente film lo hizo sentir melancolía de la Alemania nazi. La protesta del público fue inmediata. Von Trier es uno de los consentidos de Cannes, habiendo ganado la Palma de Oro en 2000 por su film “Bailarina en la oscuridad”. Aun así, dicho premio no bastó para evitar la rápida condena de Cannes contra su muestra de simpatía por Hitler y su intento de trivializar el Holocausto. El resultado final de su diatriba: Von Trier fue declarado persona non grata (aunque su filme continúa compitiendo por el premio). 

***

Crecí en Cuba, bajo un régimen antisemita (sí, Castro & Co) que constantemente viola libertades básicas, incluida, una entre tantas, la libertad de expresión. Con esto digo que el derecho a hablar me lo tomo muy en serio. Habiendo dicho eso, incluso si no fuera un amante de los judíos —cosa que soy literalmente: mi esposa es miembro de la tribu—, aun así coincidiría con la decisión del Festival de Cine: Von Trier queda verbotten, prohibido, de una vez y para siempre en sus predios. La libertad de expresión ha de terminar justo donde comienza el intento de minimizar o ridiculizar el genocidio. 

La oración anterior me recuerda este absolutamente sexy, súper moderno y ultra literario local en NYC llamado KGB Bar

Pero, antes de continuar, permítanme una digresión. Durante el reinado de terror de Joseph Stalin, sus víctimas llegaron a los veinte millones, con la entusiasta participación de la KGB. En caso de que se perdieran la Guerra Fría y aun no hayan alquilado la ganadora del Oscar “La vida de los otros” (sobre la Stasi, prima-hermana de la KGB, vía Alemania Oriental), la KGB fue, hasta 1991, la agencia nacional de inteligencia, contraespionaje y policía política de la Union Soviética, a cargo de, entre otras infamias, suprimir actos de “diversionismo ideológico” —ese binomio de palabras todavía temido en Cuba—, así como de reprimir, arrestar y asesinar a incontables escritores e intelectuales. 

Ya que estamos, también hay un servicio online de “respuestas y preguntas de conocimiento general” llamado “KGB Answers”, que traducido mal y pronto quedaría como “La KGB responde”. Qué simpático. Y qué terriblemente impreciso. La especialidad de la KGB no era sus respuestas. Era sus preguntas, sus interrogatorios. 

Ya que por ahí van los tiros, sólo puedo preguntarme cómo la KGB mutó de cementerio al que las ideas iban a morir en amigable servicio online que responde sus dudas. ¿Por qué se convirtió la KGB en un bar neoyorquino con onda al que la gente con onda va a leer su prosa con onda y su poesía con mucha más onda aún? ¿Y cuándo será, por fin, políticamente incorrecto trivializar las víctimas de la KGB, de Stalin y del comunismo?

Cinco diálogos entre Carter y Castro

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Jimmy Carter: ¿Tienes una cuenta en Facebook?
Fidel Castro: ¡¿Me estás declarando la ciberguerra?!

***
Jimmy Carter: ¿Ya jugaste Angry Birds?
Fidel Castro: ¡No te burles de Raúl!

***
Jimmy Carter: Oye, que hay que darles oportunidades a las nuevas generaciones.
Fidel Castro: Es verdad. Alicia Alonso es un fósil. ¡Hasta cuándo!

***
Jimmy Carter: ¿Te sabes el cuento del comemierda y el sordo?
Fidel Castro: ¿Qué dijiste?

***
Jimmy Carter: Si yo pudiera de donde estoy…
Fidel Castro: ¡Hacerte venir!

***

[Ilustración: Periódico Guamá].

Errata (en El País)

¿Ya la encontraste?

Lágrimas blancas


Moratinos llora y llora
lágrimas de cocodrilo.
Se va a desbordar el Nilo.
¡Por fin le llegó la hora!
Solícito y sin demora,
esconde la dentadura
(camino a su sepultura).
Tierno llantén nos regala.
De su histrionismo hace gala:
«¡Adiós, Poder, Dictadura!».

Ceros a la izquierda

La expresión “cero a la izquierda” es un axioma que indica que cuando dicho número ocupa esa posición, no cuenta. Acabo de trasladar esta verdad a la vida cotidiana y he comprobado que ahí también mantiene la nulidad del original.

La ecuación es simple: las víctimas del comunismo parecen carecer de valor. Como figuran a la izquierda, simplemente no cuentan. Ya sé que esto no es nuevo. Se ha escrito sobre el asunto largo y tendido. De todos los testimonios, me quedo con Koba, el temible: La risa y los veinte millones, ese ajuste de cuentas que Martin Amis le hizo a su padre y a los intelectuales de Occidente que optaron por cerrar los ojos ante la evidencia y romper lanzas por el estalinismo.

“Los veinte millones” del subtítulo de Amis aluden a las víctimas del Hombre de Acero —seudónimo, dicho sea de paso, mal escogido, que el acero es un metal noble y Joseph Stalin carecía de nobleza; fue duro como el acero, sí, pero no tuvo su maleabilidad—. “La risa” en la portada del libro representa la “levedad del tema”, la “carencia de peso” de estos muertos, el hecho de que la gente aun se permite bromear con este tópico macabro. 20 millones. Todo un chiste. (De hecho, Casa del libro vende Koba, el temible: La risa de los veinte millones, en un abracadabra que hace que sean los muertos quienes sueltan la carcajada).

Pero no es esto una reseña de Koba…, texto que, por demás, recomiendo a diestra y siniestra (con énfasis en la última). Decía que el afán de trivializar los horrores del comunismo está vivo y goza de una salud de atleta. Para no ir lejos (me queda a cuatro o cinco paradas de metro), en Manhattan hay un sitio de tertulias en donde los escritores que jamás han vivido el totalitarismo en carne propia van a leer fragmentos de sus libros e ignorar lo que los otros leen. El lugar de marras lleva por nombre —atiéndase a la ironía que no es tal— “KGB Bar”. O sea, la policía política de la difunta URSS —la misma que se ocupó de aportar los muertos rescatados por Amis en su libro, la encargada de sembrar el Terror; terror que habría de alcanzar incluso a sus directores caídos en desgracia (consecutivamente)—, el mismo órgano que se enfrascaba en reprimir a la población —y, no con menos saña, a los intelectuales—, al cruzar el Atlántico se transmuta en patrón de las artes y las letras. (Aunque prefiero la sutileza, voy a hacer un hincapié: a nadie se le ocurriría abrir un “Gestapo Bar” en Nueva York. Éste, al igual que KGB Bar, estaría protegido por la Primera Enmienda, pero sería considerado de mal gusto. Y estaría permanentemente vacío).

Bueno, ¿y a qué se debe este arranque?, se pregunta el lector que llega al blog luego de escribir “comunismo” en su buscador de Google. La razón es sencilla. Hace unas horas, dejé mi escritorio y salí a dar un paseo por las calles de Jersey City. La zona de Exchange Place es preciosa, así que, como acostumbro, le hice la visita. En esas, pasé por el monumento que conmemora la masacre de Katyń, en la que más de 15.000 ciudadanos polacos (entre ellos oficiales y soldados que habían depuesto las armas) fueron ejecutados por el ejército soviético durante la primavera de 1940.

Dicho monumento —que algún colega ha tildado de “dramático” y “de mal gusto” (el monumento; la masacre no le pareció ni lo uno ni lo otro)—, muestra a un oficial polaco, con varias condecoraciones en la solapa, amordazado, con las manos, atadas, a la espalda. Una bayoneta le rompe el pecho. El resto del fusil cuelga de su espalda, donde mismo lo dejó clavado su homólogo ruso luego de darle la estocada traicionera.

La imagen es sobrecogedora, mucho más que un paciente anestesiado sobre la mesa de operaciones. Sin embargo, no lo suficiente como para arruinarle el almuerzo a quienes frecuentan el área.

Entiendo que no todo el mundo tiene tiempo ni energía para condolerse con la desgracia ajena. Pero hoy la desfachatez rompió marcas nacionales. En el pedestal del monumento, a los pies del hombre atravesado por arma larga, tres jóvenes comensales hablaban animadamente, sin dejar de comer. (Me cuesta imaginar esta escena ante, digamos, un monumento que conmemore el Holocausto).

Los transeúntes pasaban sin inmutarse. Yo me detuve, tomé foto —un retrato de la indolencia— y regresé al trabajo pensando en el peso específico de ciertos muertos y cómo éste aumenta o disminuye según la ideología que los fulmina, convencido de que el oficial polaco —como las víctimas de Stalin— era el cero a la izquierda que da título a estos apuntes.

Receta de Ropa vieja cubana

Así la hacíamos en casa en 1994. ¡Buen provecho!

Ingredientes

1 pantalón usado, preferiblemente un jean o vaquero (limpio)
1 camiseta blanca sin mangas, también de uso (limpia)
Cordones de botas cañeras (al gusto)
Agua corriente
Agua de mar
Sal

Modo de preparar

Si el pantalón fue usado en labores agrícolas, póngalo en remojo en agua de mar durante medio día.

Una vez que la tela esté suave, ¡desmenúcela!

Después de haberla puesto en remojo de agua de mar durante un par de horas, corte la camiseta blanca en tiritas finas.

Después de haberlos puesto en remojo de agua de mar durante un par de horas, corte los cordones en trocitos pequeños.

Mezcle los tres ingredientes.

Añada sal al gusto.

Sirva en una fuente de ensaladas.

Da para cuatro raciones.

El cascabel y el gato

Desde el XIX, no se discute que la soberanía reside en los gobernados. No en los gobernantes. Visto así, la soberanía en Cuba reside en su pueblo. No en quienes la han ostentado desde el 10 de Marzo del 1952. La mascota, el gato, viene a ser el gobierno. El amo, el pueblo.

Está de moda opinar sobre la continua mediación de la Iglesia con el gobierno de Cuba, y se sabe que opiniones, como defectos, tenemos todos. Yo tengo la mía. El cascabel siempre acaba por delatar al gato. Siempre la relación entre gato y cascabel beneficia al amo. A la larga, o a la corta, evidencia las correrías del gato, como cauce al coto. Cuando llega la hora que viene llegando, en un abrir y cerrar de ojos, terminan las glorias de este mundo. La Iglesia (en mayúscula), como su Doctrina Social, “recorre la historia sin sufrir sus condicionamientos, ni correr el riesgo de la disolución.” Esto a pesar del lastre que somos muchos quienes formamos su cuerpo místico cubano. En latín callejero: “ad finis gloriae Castrati Mundi, in ictu oculi, Roma locuta et Urbis mutis”. En hebreo: Amén.

A partir del concordato de Worms (en castellano, podríamos decir de los “Gusanos”) en 1122, entre un Obispo de Roma, Calixto II y Enrique V, Emperador del Sacro Imperio, a orillas del Rin, se transó la crisis de las investiduras para la Europa Medieval. El “¿quién manda en la Iglesia?” propio de los sistemas feudales en gestación, siempre termina con que en la Iglesia manda quien tiene que mandar. Para los creyentes, como yo, el Espíritu Santo, y no los sátrapas quienes persiguen a los del Nazareno. Ni quienes escudados de ella han cometido y siguen cometiendo atrocidades. Al Bonaparte, el Pío VII. Al Hitler, el Pío XI. Siempre termina el reto de igual manera. El cascabel alcanza al gato.

A punta de concordato, suavecito, o a como dé lugar, la Iglesia se ha conservado en contextos políticos hostiles. En nuestra tierra no se dará la primera excepción. Busca su espacio. Lo encontrará para bien de todos. La semilla de la Evangelización ha empezado a germinar después del ciclón de los sesenta y empieza el alba para los cubanos de buena voluntad. Sin banderías.

En uno de los dibujos del Goya una bruja le dice a la otra, “si amanece, nos vamos”. El sordo compensaba su sordera con una visión que llega hasta nuestros días. Si no, ver para creer.

Ricardo Martínez-Cid

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Nostracastrus

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Contra EEUU, todo; a favor de EEUU, nada

El anti-americanismo del diario El País es verdaderamente enternecedor. Por obvio, digo. Ayer, luego de la épica victoria del equipo de Estados Unidos ante Argelia, la caricatura de Forges daba fe de esa mala leche que se cultiva en Europa y que florece en las cuatro estaciones en España. Si en Corea del Norte, luego de la humillante derrota ante Portugal —con marcador más apropiado para el béisbol—, los titulares del camarada Kim Jung-il desconocían la existencia del Mundial de Fútbol o usaban el gastado recurso de que “ganó el deporte”, la victoria de la escuadra de Landon Donovan no pasó desapercibida en El País, cuyo caricaturista la registró de la siguiente manera: con un vaquero (EEUU) sobre un cuadrúpedo (Argelia), ambos patas arriba, sobre un texto que reza: “lo ha podido domar, pero malamente”. Vamos, que no hay que andarles reconociendo victorias a los norteamericanos. Que después se les van a la cabeza.

Por otra parte, en un reportaje sobre el partido de tenis más largo de que se tenga noticia, protagonizado por el estadounidense John Isner y el francés Nicolas Mahut —match suspendido dos días consecutivos por falta de luz y a punto de comenzar hoy su tercera jornada, luego de haber acumulado más de diez horas en la cancha—, la foto seleccionada por los editores del diario de marras para ilustrar la excelente crónica de Juan José Mateo muestra al tenista de Estados Unidos en cuclillas, en una postura más asociada con la derrota que con la gallardía que ha demostrado en esa batalla que aun no tiene para cuando acabar.

La selección de dicha foto es desafortunada pues desentona con el artículo que es del todo halagador —como no podía ser de otro modo— y se desvive en elogios a la caballerosidad deportiva y la determinación puestas en práctica por ambos jugadores. También está fuera de tono la foto por el hecho de que John Isner era quien quería seguir jugando anoche, mientras que el francés había pedido que se pospusiera el encuentro a un tercer día debido a la falta de visibilidad. Fue Mahut quien se acercó al árbitro cuando la quinta manga estaba empatada 59-59 —leyeron bien, ya decía que es el partido más largo de la historia— para pedir que concluyeran el match al día siguiente. Isner estaba dispuesto a terminar la noche blandiendo su raqueta a como diera lugar, pero acató la petición de su contrincante. Cuando, a pie de cancha, un periodista de la BBC le preguntó sobre la decisión de posponer el partido, Isner declaró que no se habían puesto de acuerdo en terminar el match en esas condiciones. No dijo que su oponente había pedido tregua por falta de luz —tregua, por lo demás, absolutamente comprensible—, sino que compartió la decisión unilateral a pesar de haber sido él quien minutos antes había dicho al árbitro  que “estaba dispuesto a jugar si Mahut quería”.

Pocas veces en la vida uno es testigo de este nivel de caballerosidad deportiva —de ambas partes—. Ante esta rara oportunidad de exaltar las grandes cualidades humanas que no siempre genera el deporte, ¿qué hace El País? Sencillo: donde va el campeón de la perseverancia —que para la ocasión es norteamericano— muestra a un jugador abatido:

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Abracadabra

Si vivías en La Habana,
por obra y gracia del trueque,
hoy vives en Mayabeque,
que a Castro le dio la gana
y se puso tarambana.
Aunque te provoque risa
y se burlen en La Lisa,
no hay quien te salve del cuero:
si antes eras habanero,
hoy vives en Artemisa.

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Separados por el mismo idioma


En julio de 1998, a un par de horas de llegar a Madrid, la mujer de primo me recogió en Barajas y me llevó a almorzar a un restaurant cercano al Bernabéu. La camarera que atendía nuestra mesa, una española preciosa, me miró con aquellos ojos negros que nunca olvidaré y preguntó: “¿Te apetece un bollo?”. Lo primero que pensé fue: ¡qué calurosa bienvenida! Le respondí, no sin timidez: “Bueno, sí, pero acabo de aterrizar”. Luego aclaramos el malentendido. La mujer de mi primo todavía se está riendo. Supongo que igual le pase a la camarera.

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Neologismos

apollamiento.
(Del lat. pullus).

1. m. Según Evo Morales: transformación de la heterosexualidad a la homosexualidad de los miembros del género masculino que experimentan “desviaciones en su ser como hombres” luego de que comen “pollos cargados de hormonas femeninas”. Dicho tránsito a la homosexualidad puede ir convoyado de calvicie, entre otros, hasta ahora desconocidos, efectos secundarios.

hienanismo.
(Del lat. hyaena, y este del gr. ὕαινα).

1. m. Macabro experimento del totalitarismo cubano que consiste en incitar a elementos de la población a comportarse como hienas; esto es, a que actúen cual si fueran animales nocturnos y principalmente carroñeros, de aspecto repulsivo y olor desagradable por lo desarrolladas que tienen sus glándulas anales.

2. m. Med. Trastorno del crecimiento de dicha persona —devenida hiena—, cuya talla moral es muy inferior a la media de los individuos de la misma edad, especie y raza. (Véase hombre nuevo).

aburramiento.
(De borrico).

1. m. Malestar permanente del intelecto que obliga a quien lo sufre a razonar como un burro.

2. m. Capacidad innata del perfecto idiota latinoamericano que le permite decir las más sonadas idioteces sin sonrojarse. Dicha capacidad —considerada un don entre sus seguidores— aumenta con la proximidad del susodicho a micrófonos, cámaras y público entusiasta. (Véase Evo Morales).

perrunidad.

1. f. sus. coloq. Comportamiento muy malo, indigno, despreciable.

2. f. Devoción enfermiza y canina a un amo despótico. (Véase Brigadas de Respuesta Rápida).

encerdecimiento.

(De cerda, pelo grueso, y, por sinécdoque, de dicho animal cuyo estado doméstico es Randy Alonso).

1.m. Depauperación paulatina de los valores morales en ciertos individuos; condición que les obliga a imitar el comportamiento de los cerdos.

tocorerismo.
(De tocororo, voz onomatopéyica del canto de este pájaro).

1. m. Enaltecer los desmanes de la tiranía cubana al equipararlos con los encantos naturales de la isla en cuestión.

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La mordida

Maradona, mordido por un perro
Es preciso ponerle una vacuna,
o cambia de figura con la luna
—la llena, la menguante…— sobre el cerro.

La bestia —ya se entiende, el drogadicto—,
¿transmitirá la rabia de inmediato
al pobre animalito turulato
que dio en su dentellada el veredicto?

Después de la inyección y algún calmante,
vendrá la cirugía y el consuelo
de haber sido el primero que ha mordido

al pibe gordo, chato y petulante
que se creyó una bendición del cielo
y mira ya lo bajo que ha caído.

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