Archivo de la categoría: La muerte de Narciso

Kim Jong-il y la corrección política

Hoy, que ha muerto el dictador norcoreano Kim Jong-il —y como tal lo define El País, en un reportaje de José Reinoso, con un titular que no se va por las ramas y reza: “Muere el dictador de Corea del Norte Kim Jong-il”—, quisiera pedirles a los editores del periódico que tengan presente el calificativo cuando les toque redactar la nota sobre la muerte del dictador cubano Fidel Castro.

20111219-085231.jpg

Posdata: dicen que la alegría en casa del pobre dura poco. Dos minutos más tarde, el diario de marras ha corregido el calificativo en su versión web y donde antes ponía “dictador” ahora pone “líder”. Mal andamos.

20111219-085546.jpg

¿Qué podríamos decir?

¿Qué podríamos decir
(que ya antes no se haya dicho)
a Fidel Castro, ese bicho
que no acaba de morir
y que quiere subsistir
como ícono de la izquierda,
aunque se acaba su cuerda,
su modelo no funciona
ni en La Habana ni en Pamplona…?
¡Muérete, viejo de mierda!

Décima apocalíptica

¿Y qué piensa Castro, el Viejo,
ese dictador inmundo,
del rumor del fin del mundo?
Querrá librar el pellejo
y hasta sacar un conejo
—tan infame y tan campante
con su onda de nigromante—
de su sombrero vacío.
¿Y qué pide el caserío?
¡Que se muera el Comandante!

Lista (abreviada) de anhelos cubanos

Que para entrar o salir
de esa Cuba tan sufrida
el permiso de salida
no te tengan que exigir.
¿Qué más se puede pedir?
Libertad de credo y prensa,
más comida en la despensa,
libertad de movimiento…
¡que se muera el esperpento!
en este año que comienza.

Ovillejo a Quién-Tú-Sabes


Es impune ante la ley.
¿El Rey?
¡Y cómo gusta en España!
¡Patraña!
Tiene esclavos por montones.
¡Cojones!
Fuera de revoluciones,
disco rayado obsoleto…
¡Cuánto ansiamos tu esqueleto,
pesadilla de millones!

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Lista (abreviada) de anhelos cubanos

Que para entrar o salir
de esa Cuba tan sufrida
el permiso de salida
no te tengan que exigir.
¿Qué más se puede pedir?
Libertad de credo y prensa,
más comida en la despensa,
libertad de movimiento…
¡que se muera el esperpento!
en este año que comienza.

Anhelo

escuba

Cubanos con libertades:
libertad de movimiento
y de buscarse el sustento,
de repetir sus verdades
y mudarse de ciudades…
Que el pueblo dicte el destino,
libre de lodo el camino
y, de tiranos, su historia.
Ya tendremos paz y gloria
cuando muera el asesino.

***

Imagen: Guamá.

Esto no es una elegía

fidelcastro_ataudSi a los quince minutos de empezada una película cualquiera no me atraen sus personajes, los actores que los interpretan, la trama, la manera en que está contada, o si experimento una combinación de estos factores o todos juntos tiendo a dejar la luneta vacía, a cambiar el canal, a apagar el televisor…

Ahora escribo esto pues sentí la misma urgencia de optar por la evasión cuando sonó el primer acorde de “Puede morirse ahora, Comandante” ―interpretada por Sergio Andrade y su grupo― y luego de notar que el tiempo de duración se extendería a ocho minutos y treinta y seis segundos. O lo que es lo mismo: ¡la eternidad y un día!

Pero no fue sólo la pobreza musical lo que me desagradó en un principio. Fue también la letra y la sospecha de que aquello no era otra cosa que un homenaje al Convaleciente en Jefe. (El hecho de que el título de este post lo tomara prestado de una de las tantas canciones plañideras de la cada vez más aburrida Nueva Trova responde a que eso fue lo primero que me vino a la mente, pero en forma de pregunta, mientras escuchaba el bodrio de Andrade, que comienza con estribillo empalagoso).

Lo cierto es que es muy difícil no ver el nacimiento ―no de Venus― de una oda en este fragmento, que se repite hasta el cansancio, o lo que es peor, hasta que al oyente le entran ganas de morir:

“Puede morirse ahora, Comandante.
Lo importante está hecho.
Está hecho lo importante”.

Soy todo oídos si alguien se cree capaz de explicarme la diferencia entre la estrofa de arriba y mi traducción de la misma a un lenguaje más directo:

“Puede morirse en paz, Comandante.
El relevo está listo.
Está listo el relevo”.

Si algo tiene “subversivo” el video son las fotos. Y no todas. De hecho, muchas pertenecen a la más cuidada iconografía revolucionaria: Fidel Castro con la paloma blanca en el hombro, unos camilitos desfilando, un mar de gente con pulóveres rojos ondeando banderas cubanas… y así por el estilo.

El autor se decanta por llamar al tirano “mi comandante”, para luego decirle que “los robles se inclinan ante usted” y cuando, por fin, en algún momento del soporífero poema menciona la palabra “dictadura”, lo hace arropándola entre cumplidos y guardando la distancia de quien reproduce un rumor:  “(yo) escuchaba repetir chistes sobre sus andanzas,/ anécdotas de bien, logros, apuntes a su dictadura, alabanzas”.

Los lugares comunes, la sensiblería más rampante y la ambigüedad tan favorecida por escritores de libros de autoayuda se suceden con entusiasmo a lo largo de los casi nueve minutos de agonía. No cito aquí el resto de las prendas que regala en aras de no hacerles perder a mis lectores el tiempo de leerlas y, claro, para evitarme yo el tiempo de transcribirlas. Sólo hago constar que donde Andrade y compañía dicen: “Puede marcharse ahora, Comandante./ Yo ya me he acostumbrado a vivir a su sombra”, yo canto con Gorki Águila y Porno Para Ricardo: “¡No coma tanta pinga, Comandante!”.

De la estupidez humana y otros demonios

Queridos lectores: Hoy casi no tengo tiempo para dedicarle al blog, así que, en su lugar, les dejo este desopilante video sobre la cosa cubana. Regreso mañana.



H/T: Ulises Álvarez, en Penúltimos días.

Rimas para festejar el Suceso

Si está vivo, que se muera.
Si está muerto, que se joda.
Que lo celebre el rapsoda.
Que ría la jinetera.
Que se forme el salpafuera.
Que lo cante el cirujano.
Que la muerte del tirano
es motivo de festejo.
Que sea polvo y pellejo:
¡patrimonio del gusano!

La noticia

Los rumores de la muerte de Fidel Castro crecen y crecen y el público expectante —no hay que olvidar que el castrismo ha sido un espectáculo largo y sin interrupciones, un show que no por aburrido y predecible ha dejado de ser sangriento— se cuestiona la veracidad del murmullo ensordecedor y se pregunta para cuándo la próxima puesta en escena, la caída del telón, el season finale, la despedida histriónica de la Gran Diva. Todos —tanto en la isla, como en sus múltiples provincias del exilio— siempre hemos querido un palco desde el cual contemplar —y lanzarle la póstuma trompetilla— al féretro. ¡Y ya casi se nos presenta la oportunidad! ¡Qué emoción! «Showtime! Señoras y señores. Ladies and gentlemen. Muy buenas noches, damas y caballeros, tengan todos ustedes». (Cabrera Infante dixit).

Admito que hasta ahora he sido escéptico y he tirado a relajo lo relativo a la muerte de ese señor que a golpe de pistola y porrazo se hizo con el destino de mi tierra y la llevó a su más deplorable estado, pero hoy se me dificulta mucho no hacerme eco de la sospecha de que el cadáver ya se descompone. ¿En qué me baso?, preguntarán los incrédulos. Quisiera responder: «en la intuición», pero el razonamiento tiene más de lógica que de vaticinio: Castro I ha manipulado a su antojo la opinión pública internacional —ya, por fin, por desgracia, podemos decir que— durante medio siglo. (Tal es así que los chistosos aún especulan que si Napoleón hubiera tenido los órganos de prensa del dictador cubano, nadie se habría enterado de su derrota en Waterloo).

Pocas veces se manifestaron tan cabalmente sus dotes de titiritero como en la llamada Primavera Negra de 2003, fecha en que el régimen de La Habana desató una razzia en contra de la oposición pacífica cubana. En horas de la madrugada del 18 de marzo, mientras caían las primeras bombas en Iraq, a lo largo y estrecho de la isla, 79 disidentes fueron arrestados bajo cargos que —de no ser por las injustas condenas que conllevaron y que actualmente aún cumple la mayoría— serían considerados risibles por cualquier persona con dos dedos de frente. En aquella ocasión, Castro usó el incipiente conflicto bélico como cortina de humo tras la cual ocultar sus desmanes. Pero el hombre no siempre se esconde tras la noticia. A veces —por desgracia, casi siempre— prefiere el primer plano.

Convencido de la muerte de Fidel Castro, sólo me queda especular sobre cuándo se hará pública, oh, la madre de todas las noticias. Ya cumplido el sueño de irse a la tumba habiendo sobrevivido al cincuentenario de su arribo al poder, no habrá que llamar a expertos en numerología ni a ningún avezado politólogo para que nos expliquen que sólo existe una fecha posible para anunciar que —agotado el socialismo que preconizaba su redundante lema— al dictador no le quedó más remedio que optar por la muerte. Se equivocan quienes subestiman los delirios de grandeza del susodicho. Él se sabe el ombligo del mundo. Y para demostrarlo, hará todo lo posible por robarle cámara al primer presidente negro que llega a la Oficina Oval de la Casa Blanca. ¡Qué es eso de un negro en primera plana! (Con lo racista que siempre ha sido el Comandante). El día en que todos los diarios del mundo deberán dedicar su portada a la inauguración presidencial de Barack H. Obama, Fidel Castro —su osamenta— querrá competir con este acontecimiento.

Que lo compre quien no lo conozca, Comandante. Desde mi modesto blog, anticipando su movida, le boicoteo la sorpresa.
***
Alexis Romay
Nueva Jersey

¡Somos un mismo pueblo!

Reproduzco un texto que Ángel Savón —uno de los lectores habituales de Belascoaín y Neptuno— me envió, precedido por la siguiente nota:

Estimado Alexis:

Hace días presentaste un post con la foto de la celebración en el malecón de La Habana del cincuentenario de la revolución. Se me ocurrió que podemos demostrar que el “pueblo de allá” es “igual al de aquí” —salvando las diferencias materiales— casi sin texto, sólo con evidencia fotográfica.
***

Nadie trate de dividir al pueblo cubano de las dos orillas. Somos uno, iguales, con la misma cultura, la misma educación, los mismos deseos.


En la tribuna antiimperialista del malecón, celebrando el 50 Aniversario del triunfo de la revolución.


En la tribuna anticastrista de la Calle 8. Celebrando la supuesta muerte del tirano.

Hugo Chávez siente nostalgia por el Fantasma en Jefe

«Sé que el Fidel impaciente
que recorría las calles,
las llanuras y los valles
—¡y que asustaba a la gente!—
tan solo existe en mi mente
(que es la mente del idiota,
que convierte la derrota
en un logro inalcanzable).
¡Adiós, espectro innombrable!
¡Ya no darás más la nota!».

____
Imagen: obra de Eugenio Merino.

Escena en la Tribuna Antiimperialista (fragmento)

¡A festejar los cincuenta!
¡Pelo suelto y carretera!
Y en el pecho una bandera
(la de verdad, la que cuenta,
¡la de la milla noventa!)
y el despelote en su punto
y el pueblo, en la rumba, junto
y el pan y el circo, ¡adelante!
¡Que se muera el Comandante!
¡Que viva Fidel (difunto)!

Castro I en caída libre

La flexibilidad que el sátrapa nunca tuvo en vida la derrocha su monigote. Lo pueden zarandear con el ratón y tirarlo de un lado a otro. El jueguito es adictivo. Y terapéutico.

PD: Me entero por PD que la animación Flash es de Ulises Álvarez.