Archivo de la categoría: Insilio

Oda al vino espumoso

Recuerdo el vino espumoso,
que ni era vino ni espuma,
ni venía de la Yuma
y era tan empalagoso.
Con su sabor alevoso,
se instalaba en la retina,
provocando una neblina
a la mente y los sentidos.
Aquel mejunje, queridos:
¡peor que la nicotina!

Silvio Rodríguez dice “basta y echa a andar”

(Ecuador Press). Quito, 27 de diciembre

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Luego de décadas de ofrecer su apoyo constante e incondicional al régimen de los hermanos Castro, el controvertido cantautor cubano Silvio Rodríguez ha roto públicamente con el gobierno que le «dio razón de ser». La ruptura pisa los talones a su reciente descontento respecto al derecho de los cubanos a entrar y salir de su país sin necesitar el visto bueno del gobierno de la isla.

Su malestar con el régimen cubano salió a flote en la capital ecuatoriana, durante el concierto que cerraba su “Gira por la otra América”. Fue a raíz del estreno de “El ciego” —considerada por los conocedores de su obra como una continuación de “El necio”, canción insignia del trovador, que dedicara en la década de los noventa al mismísimo Fidel Castro—, cuando Rodríguez tuvo que interrumpir la guitarra para recitar el estribillo, casi entre lágrimas:

El sueño se volvió mil pesadillas.
Los muertos en el mar mueren de olvido.
Que nadie me perdone lo vivido.
Mi Alicia se quedó sin maravillas.

«El sueño que añora mi canción», comentó el juglar durante la entrevista posterior al concierto, «fue la promesa malograda de la revolución. Ya le he dedicado casi cinco décadas, cantándole las loas, cual si fuera su bardo oficial. Y lo he hecho como un soldado de la palabra, con el orgullo del deber cumplido. Pero cada vez se hace más difícil defender lo indefendible. La reciente negativa oficial a emprender la reforma migratoria tan anhelada por el pueblo ha sido la gota que colmó la copa. Hoy Silvio Rodríguez ha dicho basta y ha echado a andar. Ese estribillo, que hace alusión a los balseros, es un anuncio de lo que vendrá. Componer la oda a todos los que han perecido en el intento de fuga de la isla es mi tarea pendiente».

El cantante se negó a confirmar si sus palabras deberían ser interpretadas como una deserción política. Tampoco confirmó ni negó si regresaría a la «isla-cárcel», como se refirió a su tierra natal a lo largo de la noche.

«Antes de marcharme, quiero que conste que Amaury Pérez, además de que nunca fue trovador, siempre fue un chivato», dijo, antes de dar por terminada la rueda de prensa, aunque ningún periodista supo a ciencia cierta de quién estaba hablando y el cantautor —que desapareció como si se lo hubiera tragado un rabo de nube— no se molestó en aclararlo.

***
Actualización de las 10:35 pm del miércoles, 28 de diciembre

Estimados lectores de Belascoaín y Neptuno: ¡Feliz día de los inocentes!

Vista del anochecer en el Trópico

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a OLPL, por la crónica y el neologismo

La Habana socialipsista
—del Morro y la Giraldilla
que iluminó la flotilla
en la noche hiper-realista
en que el odio cederista
vigilaba agazapado,
en son de guerra, amargado,
presto a soltar el zarpazo—
sigue incompleta: el pedazo
que se fue no la ha olvidado.

***
(Foto: BoringHomeUtopics).

Némesis-Ottawa: Oda a Laura Pollán

Némesis: Ottawa

Ayer, 14 de noviembre de 2011, a las 11pm, el artista cubano Geandy Pavón proyectó la imagen de la difunta Laura Pollán sobre la fachada del consulado de Cuba en Ottawa. Este performance es parte de su proyecto “Némesis”, en el que Pavón proyecta en las paredes de consulados y embajadas del régimen cubano —esto es, en la piel del victimario— la efigie de la víctima.

El video del performance está siendo editado. Mientras llega, tengo el privilegio de compartir estas imágenes. Las fotos son cortesía del artista.

Corran la voz.

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Tracey Eaton entrevista a Laura Pollán

Tracey Eaton entrevista a Laura Pollán, cortesía de Tracey Eaton en Vimeo.

Represión en Cuba: Damnatio memoriae

Acabo de recibir el siguiente mensaje de texto de fuente querida y fidedigna. La noticia corrobora que al castrismo no le basta con matar a sus detractores. También necesita injuriarlos después de muertos.

Seguridad del estado detiene violentamente a Katia Sonia Martin, Aime Cabrales, Elizabeth Kawooya, Abdel Rodriguez, Hans Delgado, Juan Manuel Lara y rompe ramo de flores para Laura Pollán.

Wendy Guerra y la censura en Cuba

En entrevista concedida a los lectores de El País, Wendy Guerra —quizá sin quererlo y por omisión— da una contundente muestra de la censura en Cuba. Reproduzco el fragmento:

Pregunta: Soy cubano y vivo ahora en España, me gusta mucho como escribes y te sigo desde hace tiempo. Son dos las preguntas que tengo para ti. ¿Has sentido censura dentro de Cuba por tu manera libre de pensar?, la segunda: ¿crees que ha habido avances en la percepción positiva sobre la homosexualidad en la sociedad cubana?

Respuesta: Deseo que la naturaleza de nuestra sexualidad ocurra desde el deseo, sin intermediarios sociales, pero yo soy hija de una mujer que no se disculpaba por sentir, que nunca pidió permiso para desear.

Antídoto contra la añoranza

No necesito una cura contra la nostalgia. Pero, claro, podría encontrarme ante un caso extremo. Digamos que un día me levanto echando de menos la esquina que nombra este blog, los amigos y parientes que no sé si vuelva a ver, el olor de mar —ahora tan distante—, o el suelo que alguna vez pisaron estas plantas. Antes de que se instale la morriña, me queda la opción de mirar esta foto hasta la nausea.

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La nausea es instantánea.

Repaso los rostros de las víctimas —esas mujeres que defienden la libertad de expresarse y asociarse— y contengo una arcada ante los puños que las asfixian.

Solo entonces recuerdo que la distancia entre patria y paria es una errata.

***
(Foto: EFE/Alejandro Ernesto).

Oda a la fuerza paramilitar cubana

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Aquí está la federada,
hija de la sumisión,
cumpliendo con su misión
para el mes y la jornada.
Se suma a la barricada
más pronto de lo que piensas
y con sus garras inmensas
sale a matar (no a morir).
Le fascina reprimir
a mujeres indefensas.

***
(Foto: Un cubano en Canarias).

Cuba en cuarenta y cinco minutos

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Hace un par de días, mi amiga Mónica Lavosky me invitó a visitar sus clases de español avanzado en el preuniversitario —liceo, secundaria, colegio, instituto, high school, para los no cubanos— de nuestra comunidad ubicada en las afueras de Nueva York. Esta semana el tema de la clase era Cuba y a la profesora le pareció atinado invitar a un escritor que había vivido en carne propia ese macabro experimento que es el castrismo, máxime cuando se trataba de un escritor local.

Hay un axioma “revolucionario” que aplico constantemente en contra de la maquinaria propagandística de los hermanos Castro. Lo escuché por primera vez quizá pronunciado por el dueño de los micrófonos, o tal vez de boca de algún militante de la Unión de Jóvenes Comunistas en su inútil empeño de convertirme a su Causa —la causa de la delación y de la infamia, pero Causa al fin—. El origen no importa. Lo que cuenta es el contenido: “se combate en todos los frentes”. De tal suerte —ya lo he dicho en otras ocasiones—, siempre que tengo la oportunidad de contrarrestar la propaganda del régimen, acepto gustosamente la invitación. Así que, ni corto ni perezoso, me aparecí en la escuela.

Es bien difícil, cuando no imposible, analizar a fondo el drama cubano en cuarenta y cinco minutos de una clase para estudiantes de una lengua extranjera, por muy avanzado que sea su dominio del idioma en cuestión. Pero sí da tiempo a presentar una vista panorámica del pueblo y del régimen que lo subyuga desde hace más de medio siglo.

La charla fue amena, gracias a un rango de preguntas amplio y diverso que abarcó desde lo personal —«¿qué dejé en la isla?»— hasta lo más general —cuestiones concernientes al presente y futuro de Cuba—. Traté de responder con humor —que para contar la verdad no hay que ser pesado—, pero sin trivializar el sufrimiento de un país en el que los derechos de sus habitantes han sido convertidos en privilegios.

Rescato, de todo el intercambio, dos respuestas. Alguien me preguntó cómo me había ido de la isla. «Nadando; todavía me duele el hombro», dije, y el aula entera estalló en una carcajada. Acto seguido, aclaré la imprecisión. «Uno se va de un país que respeta la entrada y salida de sus ciudadanos. De un régimen que viola ese derecho, uno no se va, uno se escapa. «¿Tiene familia en la isla?», fue la segunda interrogante. Hay dos maneras de contestarla. Para la primera variante, basta con un monosílabo. La segunda versión puede ser un poco más descriptiva e impactante. En vista de que estábamos en una clase de español avanzado y uno de los objetivos de mi presencia era precisamente que escucharan a un cubanoparlante, opté por esta última.

Como dicen que una imagen vale más que mil palabras, me lancé a construir una imagen, con menos de mil palabras. Les pedí que visualizaran una naranja: dulce, jugosa, compacta, de un naranja —valga la redundancia— intenso. «Pongamos que esa naranja es Cuba», acoté. Luego les pedí que visualizaran un cuchillo grande y filoso, de esos que son usados para cortar la carne cruda. «El cuchillo es Fidel Castro», dije y corté la naranja imaginaria que un momento antes había sostenido en mi mano izquierda. «Eso es lo que nos queda luego de cincuenta años de dictadura: una nación dividida por la geografía y la política». La metáfora —ya sé, bastante simple— caló.

Eran las 9:40 de la mañana cuando culminó mi visita. Mónica me acompañó hasta la entrada —en este caso salida— de la escuela. Nos dimos las gracias mutuamente, nos despedimos y salí rumbo a mi trabajo —¿cómo decía aquella frasecita revolucionaria?, ¡ah, sí!— con la satisfacción del deber cumplido.

***
(Foto: Santos Rodríguez).

El “ministerio del turismo” y el “arte culinario” en Cuba

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Si te encuentras en La Habana
y te gusta el buen comer,
no te vayas a perder
una delicia cubana
(¡mejor que la mejorana!).
No es pollo, cerdo, ni pato,
pero prueba el nuevo plato
que te abrirá el apetito
(y así alimentas el mito):
el elogio del chivato.

Sin novedad en el frente

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Hay un revuelo en La Habana,
un runrún —un ajetreo
de colmena en apogeo—
en la vida ciudadana.
Una practica malsana
ha puesto malo el ambiente.
¿Que se acabó el detergente?
No, queridos amiguitos:
se han sumado los “gallitos”
a reprimir a la gente.

***
(Foto: Desmond Boylan/Reuters).

Oda al cubano infalible

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Conoces al personaje
porque nunca se equivoca.
Lo que sale por su boca
da para un largometraje
de misterio o de espionaje.
Guarda en la manga un conejo
(más sabe el diablo por viejo),
experto en leyes y en artes,
ve espías en todas partes.
Tiene un aliado: el espejo.

Retrato cubista de una isla

La foto ha sido publicada en El País. Y supongo que todos los que la ven se quedan azorados con el elefante que, con pincel de brocha fina, se retrata a sí mismo o a alguno de sus congéneres. A mí también me saltan a la vista las dotes artísticas del paquidermo. Qué pulso, qué trazo, qué definición en la línea que apenas se interrumpe. Pero, ay, el punto de fuga en el que se pierde mi mirada es la cadena que le rodea el pescuezo al animal. Al margen de la evidencia, el elefante se percibe libre: la cadena no aparece reflejada en el retrato.

Esta no es una foto de Cuba, no. Pero me la recuerda inmensamente.

El pueblo cubano —ese pueblo “culto y libre de analfabetismo” del que tanto se jacta el régimen de la isla; ese pueblo al que enseñaron a leer para luego prohibirle los libros; ese pueblo que se debate entre el acto de repudio a los activistas de derechos humanos y la larga cola ante la embajada de cualquier país; ese pueblo que, muy a pesar de lo que reza su himno, vive “en afrenta y oprobio sumido”— es, entre otras tantas cosas, un animal encadenado que, en sus ratos de ocio, se hace el autorretrato.

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