Archivo de la categoría: Exilio

Día de la Independencia de Cuba en Union City

(Union City, NJ) El Alcalde Brian P. Stack y la Junta de Comisionados anuncian que la ciudad de Union City llevará a cabo un Programa Cultural en conmemoración del Día de la Independencia de Cuba el viernes, 18 de mayo 2012 a las 7:00 PM en la Escuela José Martí (1800 Summit Avenue, Union City).

El evento contará con oradores invitados, música en vivo por el grupo “Havana 3″; exposición de arte y presentacion artística por Lourdes Simón; y comida típica cubana. Los miembros de varias organizaciones cubanas locales se espera que asistan a la ceremonia.

Entre las personas destacadas que serán homenajeadas por la Alcaldía como “Distiguidos Cubano-Americanos del Año” se encuentran Ivan Acosta, el reconocido autor/director de cine y teatro, y “Pipo” Felipe Martínez del legendario grupo musical Charanga 76.

La entrada es gratuita. Todos en la comunidad están invitados a asistir.

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Geandy Pavón: La política de los colores

Los cobardes suelen esconder su defecto en el ataque a los indefensos. Eso es lo que hace la dictadura cubana y también otros que desde el exilio aparentan combatirla.

Creo que el exilio tiene y ha tenido un papel fundamental en la lucha por la democratización de nuestro país y por tanto los que nos encontramos fuera también tenemos derecho a discrepar y ser críticos, no solo con la dictadura, sino también con aquellos que desde la isla hacen oposición. Es lícito estar en desacuerdo, sin embargo, cuando se acude al ataque ad hominem, cuando se acusa sin pruebas, se ha comenzado a jugar el viejo juego de la dictadura.

El gobierno cubano eliminó el estado de derecho para poder acusar y encarcelar sin pruebas, para poder calumniar y para poder fusilar. Quienes, desde el exilio, atacan y acusan a miembros de la oposición en Cuba sin mostrar pruebas, no hacen más que usar la lógica del castrismo, salvaguardando su calumnia en el hecho de que el calumniado no se puede defender legalmente. Cuando se acusa a Yoani Sánchez, a Guillermo Fariñas, al proyecto Estado de Sats, y a Eliécer Ávila, de ser agentes del gobierno cubano, esa acusación descansa en la comodidad que ofrece el hecho de que estas personas no viven en un estado de derecho que les garantice su defensa legal. Los calumniadores dicen estar contra la dictadura, pero en la práctica se aprovechan de ella: a sus víctimas sin derechos allí les dan el mismo trato afuera, bajo el manto y la garantía de la impunidad.

La política en su estado fundamentalista tiende más a la maniquea naturaleza del tono que al carácter multiple del color, es entonces cuando las acciones y las palabras se tornan blancas o negras; cuando esto pasa se pierde el interlocutor aunque se tenga delante. Si de verdad queremos democracia para Cuba, deberíamos comenzar a entender que lo alternativo, es parte fundamental de una sociedad plural y con derechos.

Geandy Pavón
12 de abril de 1012

Diplomacia y reptiles

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La Habana y el Vaticano
nombran un embajador
que es un reptil y un primor
y soñó ser italiano.
Los anhelos del Fulano
de escapar del carcelero
se los tragó el vertedero.
Por dictamen y capricho,
terminará el susodicho
en un cinturón de cuero.

***

[Monseñor Giovanni Becciu bendice al cocodrilo. Roma, 14 de marzo de 2012. (AFP)].

La trituradora

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Tiendas Cubanicay me pone en mi buzón de correo una oferta llamativa: por $50 —más $31 de manejo y envío— puedo enviar una máquina de moler carne a quien se me ocurra en Cuba. La memoria del picadillo a la habanera me abre el apetito. Y lo primero que me viene a la mente es lo difícil que es, para el cubano de a pie, encontrar carne, molida o por moler, en la isla.

Pero incluso antes de pensar eso, me asalta otra idea, que no por fugaz es menos certera: la única y legítima máquina de moler carne que conocen mis coterráneos es esa maquinaria perfectamente engrasada y diseñada para triturar: la dictadura de los hermanos Castro.

Encuentro (neoyorquino) de la cultura cubana

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Pocas cosas hay tan insignificantes como un escritor en el lanzamiento de un libro de otro escritor. Pero por los amigos soy capaz de dejar el ego en casa, así que el viernes pasado me di un brinco a la lectura de mi apreciado David Unger, que presentaba su novela Para mí, eres divina. Sabía que iba a pasar un rato espléndido, y no estaba errado. (Sobre el libro volveré, con avance y comentario). Por lo visto, había cupo en el público para dos escritores cubanos: R. estaba ahí. (No revelo su nombre pues me interesa lo arquetípico de su comportamiento, no las circunstancias individuales. Pudo venir de cualquier miembro de eso que llamamos “exilio rosa” o de baja intensidad. Si esta crónica la escribiera R., yo sería también una inicial, un arquetipo: el del “exilio vertical”, que le dicen).

Después del saludo inicial y un intercambio mutuo y ligero, propio del boxeo a distancia, R. me soltó una ligereza que no es tal. «Te vi gusaneando», me dijo, con ese tono a medio camino entre la broma y la admonición tan socorrido entre los cubanos que no quieren meterse en la cosa política. Se refería a mi intervención sobre arte y activismo social en Estado de SATS. En otras ocasiones, R. y yo hemos tenido discrepancias que han comenzado con comentarios de igual índole, han subido de tono y han culminado antes de que la sangre llegara al río. Pero solo en este momento hizo su debut el término “gusano”.

Pude haberle recitado mi respuesta, una cariñosa décima que escribí precisamente para este tipo de situaciones y comienza así: “Gusana será tu abuela, / si la tienes, malparido…”. Pero estaba de muy buen humor, por tanto opté por mi lado más civil. Le dije que no me bestializara. Con esas palabras. (Un amigo entrañable aun se burla de mí pues hace más de un lustro, luego de un simpático malentendido, le dije que “me estaba ninguneando”; en lugar de articular el reproche en cubano; así: “me estás tirando a mierda, compadre”). Regreso a R. y sus anélidos: le comenté que jamás he usado el peyorativo “gusano”, ni ninguno de sus derivados —gerundio, infinitivo, participio— para definirme, pues no me gusta renegar de mi condición humana, máxime cuando el calificativo proviene de la maquinaria represiva castrista, la misma que ha establecido que solo los revolucionarios son gente. Le expliqué que al hablar en pro de la democracia en Cuba, en Estado de SATS o en cualquier parte, estaba defenfiendo y ejerciendo un derecho —suyo, mío—, y que mal andamos si años después de haber dejado la jaula grande todavía hay quienes siguen reproduciendo el lenguaje estigmatizador y totalitario de aquella dictadura que se ha eternizado en el poder prometiendo villas y castillas, pero ha dejado a su paso una estela de muerte y esa ruina —socio-económica y, sobre todo, moral— de la que será muy difícil desprenderse.

Esta esgrima verbal que describo aquí en par de párrafos duró menos de lo que tardé en redactarla. Sin embargo, ofrece metros y metros de tela por donde cortar, y he aquí el primer tijeretazo: ¿de haber sido mi interlocutor no cubano, tendría más peso el insulto? El primer paralelo que me viene a la mente es el de los negros o afroamericanos (o como quiera que la corrección política les llame esta semana): entre ellos se pueden referir a sí mismos con “la palabra que empieza con n”, pero un blanco o caucásico (o como quiera que la corrección política le llame esta semana) no puede pronunciar dicha palabra. ¿Es aplicable esto a los cubanos? ¿Acaso puede un “gusano” llamar a otro “gusano”, sin quedar ambos en afrenta y oprobio sumidos? Por otra parte, R. no es “gusano”, y yo —que encajo en el perfil designado por la dictadura de los Castro— no me defino como tal.

Lo cierto es que cambiamos de tema, o se sumó alguien al diálogo, y la velada prosiguió sin sobresaltos. Antes de salir de la librería, comenté que iba a The Duplex, un emblemático bar/cabaret neoyorquino, para asistir al concierto de la bolerista Lourdes Simón y el tanguero Miguel Erb, acompañados de Pablo Corso en la guitarra. Sabía que iba a pasar un rato espléndido y no estaba errado. (Sobre el concierto volveré, con avance y comentario). R. me dijo que le hacía camino mi próxima parada de la noche y salimos andando. Durante la caminata no salió a relucir el tema inicial: hablamos de los escritores de la Generación del Mariel y en específico de mi predilecto Miguel Correa Mujica —y de su novela que traduje al inglés—, de la novela cubana de mi esposa —que R. me volvió a confesar que había disfrutado mucho y que pide una edición en español—, de la mía —de la que también se pronunció favorablemente—, de la que acaba de escribir, de los altibajos del mundo editorial, de las infamias del mundo académico (o viceversa), y vete a saber de qué más.

Nos despedimos a la entrada del metro en Sheridan Square, agradeciéndonos mutuamente la charla y la compañía. Y desde entonces he tenido ganas de encontrármelo de nuevo, para recordarle esa perogrullada de que a mayor libertad, mayor responsabilidad. La libertad no es vivir en una sociedad libre. Se puede ser libre en Cuba, del mismo modo que se puede vivir en cadenas en el exilio. Uno empieza a ser libre desde el momento en que se define y se proyecta como tal. Si he escrito este texto es para decirle a R. —y a cualquier cubano que se haya (o lo hayan) rebajado a la estatura y condición de las lombrices— aquella frase que ya escuchó Lázaro: «¡Levántate y anda!».

Galería del entorno material cubano

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Amigos y detractores, agentes del G2 y de la CIA, cubanos que me escuchan, lectores de las dos orillas:

Los hago partícipes a todos de un muy prometedor proyecto sobre la cultura material cubana. El propósito principal del mismo es crear un archivo del entorno material cubano y de los multiples significados que extrajimos de, pero también depositamos en él.

En esta recién creada Caja de Pandora caben la caja de fósforos Chispa, el talco Bebito, las botas Centauro, el kerosén, la pañoleta, el desodorante Rexona (que no te abandona), la lanchita de Regla, el televisor Caribe, todo el Malecón, la chancleta (¡la chancleta!) y su eterno acompañante —el bajichupa—, el trozo de pared o asfalto marcado por la tiza, aquel libro de Borges que al ver el título —Historia universal de la infamia— en algún anaquel más de un joven pensó que era una crónica de la revolución cubana, la bicicleta china, el ventilador ruso, el jugo de mango Taoro, la lata de cascos de toronja, la tonfa del policía, las bandejas metálicas y los chícharos que en esta servían en la beca, la chivichana, el remo del bote que propició la fuga, el pasaporte con el humillante permiso de salida estampado en una página dictada por el azar o el oficial de aduana, y cuanto objeto entrañable o despreciado se cruzara en su camino en la isla.

Estado de SATS: sobre arte y activismo social, desde La Habana

Tengo el placer de compartir la continuación del panel de Estado de SATS dedicado al binomio arte + activismo social. Participan, desde La Habana, Górki Águila, El Sexto, Orlando Luis Pardo Lazo y Lía Villares. (Aquí pueden ver la primera parte, con intervenciones de Paquito D’Rivera, Enrique Del Risco, Geandy Pavón y este escriba).

Transcribo mis preguntas, seguidas del video.

De Alexis Romay para El Sexto

A la máxima del régimen de “esta calle es de Fidel”, le has respondido estampando tu arte en el espacio público. También has vindicado tu espacio individual y a la difunta Laura Pollán, fundadora y líder de las Damas de Blanco, tatuándote su efigie en el pecho. En tu caso, ¿dónde termina el arte y comienza el activismo social? ¿O son uno los dos?

Para Orlando Luis Pardo Lazo

Además de tu intensa labor como escritor y fotógrafo, te has involucrado en varios proyectos editoriales alternativos. La revista Voces es el más reciente ejemplo. La misma desconoce esa división que tanto promueve el régimen de la isla entre “cubanos de adentro” y “cubanos de afuera”, y publica a creadores de las dos orillas. Imagino que, además de los consabidos problemas de conexión, tienes que sortear todo tipo de trabas para llevar a cabo este proyecto. ¿Cómo te las arreglas? ¿Qué podemos hacer para echarte una mano?

Para Lía Villares

Los bloggers alternativos cubanos dentro de la isla —movimiento del cual eres pionera y miembro activo— han conquistado el ciberespacio, ejerciendo derechos que les son conculcados en la vida real. Luego de ganar esa parcela en el mundo virtual, ¿cómo se puede traducir este logro en terreno ganado en la calle, en un país notable por su escaso por ciento de conectividad a internet? ¿Cómo se “conecta” una blogger cubana con su vecino, un lector en potencia que no tiene acceso a la red de redes?

Para Gorki Águila

En lugar de optar por la estética nostálgica y a ratos plañidera de la Nueva Trova, te has consagrado con el estilo transgresor del punk, al punto de que en “El Comandante” subes la parada a límites inéditos en la canción protesta. La dictadura de los Castro ha establecido que “el arte es un arma de lucha de la revolución”. Y tu respuesta es un guitarrazo que propone un cambio radical a la dieta del susodicho. ¿Crees que el arte y, en específico, tu obra, puede ser un arma de lucha en pro de la democracia en Cuba?

Pregunta general

Completa las siguientes frases:

Lo bueno del matrimonio entre arte y activismo social en Cuba es…

Lo malo del matrimonio entre arte y activismo social en Cuba es…

Estado de SATS: diálogo entre las dos orillas sobre arte y activismo social

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El diálogo necesario entre habitantes de la isla y del exilio —intercambio que el régimen cubano hace todo lo posible por obstaculizar— fue propiciado hace un par de semanas gracias a la iniciativa de Lizabel Mónica de coordinar un panel Habana-Nueva Jersey para Estado de SATS —un magnífico espacio de debate en el cual confluyen arte y pensamiento—, proyecto radicado, pese a tantos contratiempos, en la capital cubana.

Por la parte de Nueva Jersey participaríamos Paquito D’Rivera, Enrique del Risco, Geandy Pavón y quien redacta esta nota. Las preguntas provenían de varios activistas y creadores residentes en la isla: Lía Villares, El Sexto, Górki Águila, Orlando Luis Pardo Lazo, Yoani Sánchez, Ciro Díaz y Luis Eligio Pérez. Los primeros cuatro de esa lista de interlocutores complementarían el diálogo, respondiendo nuestras preguntas desde el lado interior del muro del malecón.

Quien haya visto o recuerde aquellos teléfonos que se hacían con par de latas vacías y una cuerda tendrá una idea cercana a cómo ha sido este diálogo en plena era digital y en medio del apogeo de los teléfonos inteligentes, las plataformas de chat y demás dispositivos y programas que facilitan la comunicación a niveles todavía, ay, irrealizables en la isla. Con lo fácil que habría sido una tele-conferencia o videochat en donde podríamos haber hecho preguntas y respuestas en vivo. Sin embargo, cuando el interlocutor está en Cuba —país notable por su bajo por ciento de conectividad a la red y en donde la gerontocracia que lo subyuga pone mil y una trabas al acceso a la información por parte de sus habitantes—, nos vemos forzados a hablar por un extremo de la lata, mientras el otro calla y aguarda con el artefacto pegado a la oreja, para después llevárselo a la boca y decir lo suyo. Aún así, me doy por satisfecho con el resultado. Espero que sea el primero de muchos diálogos por venir. Y que juntos sigamos imaginando, pensando y debatiendo una Cuba inclusiva, democrática y posible.

La próxima semana tendremos oportunidad de escuchar las respuestas del panel llevado a cabo en La Habana, en la fecha del natalicio del poeta que soñaba una nación con todos y para todos. Mientras tanto, hago público mi aprecio y agradecimiento a Antonio Rodiles, artífice y anfitrión de Estado de SATS, así como a quienes, desde ambas orillas, hicieron posible este encuentro.

A todos, un abrazo y el deseo de que el mismo se materialice un día no lejano en una Cuba libre.

Silvio Rodríguez dice “basta y echa a andar”

(Ecuador Press). Quito, 27 de diciembre

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Luego de décadas de ofrecer su apoyo constante e incondicional al régimen de los hermanos Castro, el controvertido cantautor cubano Silvio Rodríguez ha roto públicamente con el gobierno que le «dio razón de ser». La ruptura pisa los talones a su reciente descontento respecto al derecho de los cubanos a entrar y salir de su país sin necesitar el visto bueno del gobierno de la isla.

Su malestar con el régimen cubano salió a flote en la capital ecuatoriana, durante el concierto que cerraba su “Gira por la otra América”. Fue a raíz del estreno de “El ciego” —considerada por los conocedores de su obra como una continuación de “El necio”, canción insignia del trovador, que dedicara en la década de los noventa al mismísimo Fidel Castro—, cuando Rodríguez tuvo que interrumpir la guitarra para recitar el estribillo, casi entre lágrimas:

El sueño se volvió mil pesadillas.
Los muertos en el mar mueren de olvido.
Que nadie me perdone lo vivido.
Mi Alicia se quedó sin maravillas.

«El sueño que añora mi canción», comentó el juglar durante la entrevista posterior al concierto, «fue la promesa malograda de la revolución. Ya le he dedicado casi cinco décadas, cantándole las loas, cual si fuera su bardo oficial. Y lo he hecho como un soldado de la palabra, con el orgullo del deber cumplido. Pero cada vez se hace más difícil defender lo indefendible. La reciente negativa oficial a emprender la reforma migratoria tan anhelada por el pueblo ha sido la gota que colmó la copa. Hoy Silvio Rodríguez ha dicho basta y ha echado a andar. Ese estribillo, que hace alusión a los balseros, es un anuncio de lo que vendrá. Componer la oda a todos los que han perecido en el intento de fuga de la isla es mi tarea pendiente».

El cantante se negó a confirmar si sus palabras deberían ser interpretadas como una deserción política. Tampoco confirmó ni negó si regresaría a la «isla-cárcel», como se refirió a su tierra natal a lo largo de la noche.

«Antes de marcharme, quiero que conste que Amaury Pérez, además de que nunca fue trovador, siempre fue un chivato», dijo, antes de dar por terminada la rueda de prensa, aunque ningún periodista supo a ciencia cierta de quién estaba hablando y el cantautor —que desapareció como si se lo hubiera tragado un rabo de nube— no se molestó en aclararlo.

***
Actualización de las 10:35 pm del miércoles, 28 de diciembre

Estimados lectores de Belascoaín y Neptuno: ¡Feliz día de los inocentes!

Vista del anochecer en el Trópico

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a OLPL, por la crónica y el neologismo

La Habana socialipsista
—del Morro y la Giraldilla
que iluminó la flotilla
en la noche hiper-realista
en que el odio cederista
vigilaba agazapado,
en son de guerra, amargado,
presto a soltar el zarpazo—
sigue incompleta: el pedazo
que se fue no la ha olvidado.

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(Foto: BoringHomeUtopics).

Némesis-Ottawa: Oda a Laura Pollán

Némesis: Ottawa

Ayer, 14 de noviembre de 2011, a las 11pm, el artista cubano Geandy Pavón proyectó la imagen de la difunta Laura Pollán sobre la fachada del consulado de Cuba en Ottawa. Este performance es parte de su proyecto “Némesis”, en el que Pavón proyecta en las paredes de consulados y embajadas del régimen cubano —esto es, en la piel del victimario— la efigie de la víctima.

El video del performance está siendo editado. Mientras llega, tengo el privilegio de compartir estas imágenes. Las fotos son cortesía del artista.

Corran la voz.

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Antídoto contra la añoranza

No necesito una cura contra la nostalgia. Pero, claro, podría encontrarme ante un caso extremo. Digamos que un día me levanto echando de menos la esquina que nombra este blog, los amigos y parientes que no sé si vuelva a ver, el olor de mar —ahora tan distante—, o el suelo que alguna vez pisaron estas plantas. Antes de que se instale la morriña, me queda la opción de mirar esta foto hasta la nausea.

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La nausea es instantánea.

Repaso los rostros de las víctimas —esas mujeres que defienden la libertad de expresarse y asociarse— y contengo una arcada ante los puños que las asfixian.

Solo entonces recuerdo que la distancia entre patria y paria es una errata.

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(Foto: EFE/Alejandro Ernesto).

Cuba en cuarenta y cinco minutos

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Hace un par de días, mi amiga Mónica Lavosky me invitó a visitar sus clases de español avanzado en el preuniversitario —liceo, secundaria, colegio, instituto, high school, para los no cubanos— de nuestra comunidad ubicada en las afueras de Nueva York. Esta semana el tema de la clase era Cuba y a la profesora le pareció atinado invitar a un escritor que había vivido en carne propia ese macabro experimento que es el castrismo, máxime cuando se trataba de un escritor local.

Hay un axioma “revolucionario” que aplico constantemente en contra de la maquinaria propagandística de los hermanos Castro. Lo escuché por primera vez quizá pronunciado por el dueño de los micrófonos, o tal vez de boca de algún militante de la Unión de Jóvenes Comunistas en su inútil empeño de convertirme a su Causa —la causa de la delación y de la infamia, pero Causa al fin—. El origen no importa. Lo que cuenta es el contenido: “se combate en todos los frentes”. De tal suerte —ya lo he dicho en otras ocasiones—, siempre que tengo la oportunidad de contrarrestar la propaganda del régimen, acepto gustosamente la invitación. Así que, ni corto ni perezoso, me aparecí en la escuela.

Es bien difícil, cuando no imposible, analizar a fondo el drama cubano en cuarenta y cinco minutos de una clase para estudiantes de una lengua extranjera, por muy avanzado que sea su dominio del idioma en cuestión. Pero sí da tiempo a presentar una vista panorámica del pueblo y del régimen que lo subyuga desde hace más de medio siglo.

La charla fue amena, gracias a un rango de preguntas amplio y diverso que abarcó desde lo personal —«¿qué dejé en la isla?»— hasta lo más general —cuestiones concernientes al presente y futuro de Cuba—. Traté de responder con humor —que para contar la verdad no hay que ser pesado—, pero sin trivializar el sufrimiento de un país en el que los derechos de sus habitantes han sido convertidos en privilegios.

Rescato, de todo el intercambio, dos respuestas. Alguien me preguntó cómo me había ido de la isla. «Nadando; todavía me duele el hombro», dije, y el aula entera estalló en una carcajada. Acto seguido, aclaré la imprecisión. «Uno se va de un país que respeta la entrada y salida de sus ciudadanos. De un régimen que viola ese derecho, uno no se va, uno se escapa. «¿Tiene familia en la isla?», fue la segunda interrogante. Hay dos maneras de contestarla. Para la primera variante, basta con un monosílabo. La segunda versión puede ser un poco más descriptiva e impactante. En vista de que estábamos en una clase de español avanzado y uno de los objetivos de mi presencia era precisamente que escucharan a un cubanoparlante, opté por esta última.

Como dicen que una imagen vale más que mil palabras, me lancé a construir una imagen, con menos de mil palabras. Les pedí que visualizaran una naranja: dulce, jugosa, compacta, de un naranja —valga la redundancia— intenso. «Pongamos que esa naranja es Cuba», acoté. Luego les pedí que visualizaran un cuchillo grande y filoso, de esos que son usados para cortar la carne cruda. «El cuchillo es Fidel Castro», dije y corté la naranja imaginaria que un momento antes había sostenido en mi mano izquierda. «Eso es lo que nos queda luego de cincuenta años de dictadura: una nación dividida por la geografía y la política». La metáfora —ya sé, bastante simple— caló.

Eran las 9:40 de la mañana cuando culminó mi visita. Mónica me acompañó hasta la entrada —en este caso salida— de la escuela. Nos dimos las gracias mutuamente, nos despedimos y salí rumbo a mi trabajo —¿cómo decía aquella frasecita revolucionaria?, ¡ah, sí!— con la satisfacción del deber cumplido.

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(Foto: Santos Rodríguez).

Doce años

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Hoy cumplo doce años de vida en Estados Unidos: doce años de no mirar sobre el hombro, de acostarme sin hambre, de despertarme sin miedo.