Transcribe lo que has visto y lo que ha sido,
explora lo que temes y te espera,
escoge una palabra, la certera,
y clávala en el pernicioso olvido.
El verso es ciervo, ciervo malherido
que busca amparo de esa torpe fiera.
Ese león alado, la quimera,
es el verso inasible y pretendido.
La fiera es la estulticia y es el tedio,
es el lugar común que se repite
y pide a gritos entrar al poema.
No dejes que se adueñe de ese predio.
No le reveles nunca tu escondite,
ni permitas que dicte el teorema.


