De Paquito D’Rivera a la attaché cultural americana en Cuba
Miss Valentina Porras
Cultural Assistant/Public Diplomacy Office
U.S. Interests Section-Havana, Cuba
Phone: (537) 833-3967
Email: porrasv@state.gov
Señora Porras:
Me llamo Paquito D’Rivera, músico y escritor cubano exiliado en Nueva York por casi 3 decadas. No le cuento mi historia pues a pesar de que las autoridades de mi país natal han hecho todo lo posible por borrarla o restarle importancia, de acuerdo al cargo que usted ocupa, seguramente me conoce bien. Aquí en su hermosa tierra he podido desarrollar una extensa carrera libre de obstáculos y tanto las autoridades como el pueblo americano me han recibido siempre con respeto y hospitalidad.
Me permito escribirle en español, pues veo que maneja usted con soltura y gracia el idioma que tras 50 larguísimos años de dictadura y chabacanería socialista, las generaciones mas jóvenes (y otras no tan jóvenes) se han encargado de deformar, retorcer y vulgarizar a grado extremo.
Por alguna extraña casualidad —o más bien causalidad— hasta mí ha llegado este intercambio de mensajes electrónicos entre usted y una de las poquísimas familias cubanas privilegiadas a las que se les permite poseer una computadora. En dicho mensaje cuenta usted en detalles la cantidad de “personalidades de la cultura cubana” que asistieron a la exitosa fiesta que se celebra anualmente en la Oficina de Intereses Americanos en (lo que queda de) La Habana. Celebración a la cual, por primera vez en la historia fueron excluidos completamente los valerosos cubanos disidentes y periodistas independientes que cada año han sido invitados a estos eventos. Casualmente —o causalmente, reitero—, hace pocos meses, Barack Obama hubo de enviar en su lugar a un emisario a la recepción que tradicionalmente ofrece cada año el presidente de los Estados Unidos en honor a los valientes expresos políticos cubanos en la Casa Blanca. Esto coincide con la negativa del mandatario a recibir al Dalai Lama en sus predios y la iluminación en rojo y amarillo del edificio Empire State de Nueva York, nada menos que conmemorando el 60 aniversario de la sangrienta revolución de Mao Tsetung. ¿Qué será lo próximo, doña Valentina, una fiesta de cumpleaños para Stalin en el Capitolio, o celebrar un aniversario más del pase a cuchillo de los enfermos del hospital del cuartel Moncada la fatídica noche del 26 de Julio de 1953?
Para colmo, el insultante alumbramiento pro-comunista del emblemático edificio de la Ciudad de los Rascacielos, coincide además con el apagón de la cinta luminosa que ofrecía noticias internacionales desde lo alto de la Oficina de Intereses de los Americanos en la otrora deslumbrante capital cubana, y que era una de las escasas fuentes de información con que contaban mis empobrecidos compatriotas, sumidos en la mas total y completa ignorancia informativa. Cinco décadas de traiciones, pesimismo y paranoia me hacen temer que la próxima “medida económica” del nuevo gobierno sea el cierre de Radio Martí y quizás la distribución gratuita del Granma y la revista Verde Olivo en los kioscos de periódicos de la elegante estación de trenes de Washington DC. Ojalá me equivoque, o al menos que Dios no me de vida para ver por CNN al presidente americano recibiendo cordialmente a Raúl Castro en la Oficina Oval.
En resumen, señora Asistente Cultural, debo aceptar con dolor que ni los norteamericanos ni ninguna otra nación están obligados a ayudarnos en nuestra lucha por los derechos humanos en Cuba, como antes SÍ hicieran con Suráfrica, Chile y Haití. Pero permítame decirle que no se mejoran las relaciones entre los pueblos pactando con tiranos ni flirteando con sus verdugos y los artistas que los adulan por cobardía, ignorancia, hipocresía o egoísmo. Por otra parte, darle la espalda a Marta Beatriz Roque, las Damas de Blanco y sus familiares presos injustamente, al doctor Biscet y a otros que luchan diariamente contra la injusticia y el totalitarismo en mi patria, es una canallada de las grandes, que además, va en contra de los principios más elementales sobre los que se supone estén fundados los Estados Unidos de América, país de adopción de casi dos millones de exiliados ¡y votantes! cubanos. ¿Merece esta actitud un premio? Por favor, señora Porras, medite bien la respuesta.
Sinceramente,
Paquito D’Rivera