Del meprobamato y otros demonios

20110211-103620.jpg A propósito de la inocentada de ayer, les dejo algunos apuntes y enlaces.

Lo primero: es tradición en la prensa española gastarle alguna broma a la audiencia en el Día de los inocentes. Lo que quiere decir que esto, que es una bitácora de notas al vuelo, se presta para la gracia y, por tanto, me permite, una vez al año, difuminar esa línea que separa a la ficción de la realidad.  

Lo segundo: no fueron pocos los amigos, conocidos y lectores de este blog que se creyeron el texto. Y cualquiera los entiende. No es difícil imaginar a Miguel Barnet —presidente de honor de la sociedad de perros chihuahua de la isla (y de aquella otra institución canina: la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba)— soltar declaraciones de esta calaña. Y es mucho menos difícil para quienes hayan visto el video de su presentación que incluí en el post. Pues, de hecho, las dice. En el minuto 4:03, Geandy Pavón lo pone en aprietos con una pregunta en donde tilda de mayoral al otrora biógrafo de cimarrones. La vergonzosa respuesta de Barnet (minuto 4:47) se refiere a los disidentes cubanos en estos términos: “esos señores no son representativos de esa cultura de la cual yo estoy hablando”. O para decirlo mal y pronto: no son su maletín. En su respuesta a mi pregunta (minuto 5:06), se expresa (es un decir) con palabras que parafraseé en el post. Termina así: “mi conciencia está muy tranquila”. Por desgracia, el video no incluye la frase célebre de aquella noche de 2011, que vino inmediatamente después de aquello de la conciencia: “yo no tomo meprobamato”. No importa. La tengo en la memoria. Y es poco probable que quien haya estado en la audiencia del Bildner Center la haya olvidado. La desfachatez, lamentablemente, también es memorable.

Por último: las inocentadas que he echado a rodar por estos lares han tenido un tema común: el castrismo y lo perjudicial que es ese régimen para la salud. Tiendo a enfocarme en intelectuales orgánicos, nuevos modos de la infamia (una cerveza revolucionaria, un app para chivatos) o miembros de la estirpe de Lina Ruz. Confieso que hacer la mímica de la verborrea de Mariela Castro, Silvio Rodríguez o Miguel Barnet es todo un desafío. Pero me he dado banquete en el proceso.

Aquí pueden (re)leer las inocentadas de años previos.

En 2008: la exclusiva que anunciaba que Mariela Castro Espín había pedido asilo político en España.

En 2009: La razón del tocororo, una crónica de la presentación, en uno de los salones de la Biblioteca Nacional “José Martí”, de un poemario hasta entonces inédito del “General-Presidente”.

En 2010, me pasé con ficha.

En 2011: las declaraciones de Silvio Rodríguez a raíz de un concierto en Quito en el que rompía con el régimen cubano.

En 2012: un “app” creado por la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) para facilitar a los represores y chivatos cubanos la delación y otras infamias.

En 2013: el lanzamiento al mercado de Comecandela, la cerveza de los revolucionarios.

En 2014: la “decisión” de Mariela Castro de cambiar su orientación sexual, a tono con los cambios que no acaban de llegar.

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Miguel Barnet en Manhattan: Yo no tomo meprobamato

Screen Shot 2015-12-27 at 11.29.12 PMAnte una veintena de emigrantes económicos cubanos, se presentó en Manhattan, en la noche de ayer, el más reciente libro de memorias de Miguel Barnet. Yo no tomo meprobamato, publicado por Ediciones Unión, incluye un extenso y detallado prólogo de Nancy Morejón y un elogio en contraportada de la cubanóloga Tibisay Lucena. El libro consta de una vistosa portada con una foto que Alex Castro le tomara al autor frente a su botiquín habanero y recoge, en sus poco más de cuatrocientas páginas, las reflexiones del autor de Biografía de un cimarrón sobre su relación con la cosa política.

En la breve charla neoyorquina, Barnet habló sobre los motivos que le llevaron a incurrir en este género “a pesar de que todavía me siento como un jovencito”. “Hace unos años”, dijo, “durante mi presentación en el Bildner Center de la universidad pública de Nueva York, un miembro de la audiencia me preguntó cómo coexistían en mí el escritor con la persona que se dedicaba a apoyar sentencias de muerte dictadas por el ‘régimen cubano’. El susodicho se refería al ‘Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos’, aquella carta que Amaury Pérez Vidal, yo y un grupo de intelectuales cubanos firmamos con gran entusiasmo en 2003, a raíz del arresto y fusilamiento de aquellos muchachos que quisieron llevarse una lancha para venir a este país. Le aclaré que mi apoyo era a la revolución, no a las penas de muerte. Y dije que mi conciencia estaba muy tranquila, que no tenía necesidad de tomar meprobamato. Al que preguntó no le hizo gracia, pero los que estaban en primera fila se rieron (también soltó una sonora carcajada un señor al fondo, de traje y con bigote). La verdad es que me gustó tanto mi respuesta —tan histriónica, toda una boutade—, que se me metió entre pecho y espalda que en alguna ocasión tendría que retomarla para hablar de mi apoyo incondicional a los líderes de la revolución cubana. Porque lo cierto es que mi respuesta va más allá de aquel incidente. Por ejemplo, si mañana me preguntan por la llamada ‘sistemática represión’ contra las Damas de Blanco: lo mismo. Si me preguntan por esos cubanos que andan dando tumbos por Centroamérica: lo mismo. Esos señores no son representativos de la cultura de la cual yo estoy hablando. Para citar una expresión muy de moda entre la juventud (que todo lo sabe): ese no es mi maletín. Entonces, mi libro (y de ahí su título) es una manera de invitar a los amigos de Cuba a mantener la calma, que, como dijera Julio Iglesias, la vida sigue igual”.

Yo no tomo meprobamato ya ha sido incluido en el programa de estudios de varias universidades estadounidenses. El libro será presentado por el autor, el próximo 28 de enero, en la Casa Natal de José Martí, con motivo del aniversario del natalicio del apóstol.

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Actualización de las 10:50 PM

Estimados lectores de Belascoaín y Neptuno: ¡feliz Día de los inocentes!

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Justicia poética

Con_GCI Cuando te enfrascas en una búsqueda activa de la justicia poética, es posible que la encuentres en lugares insospechados. La biblioteca pública de Montclair me invitó a escribir un ensayo sobre la importancia de las bibliotecas públicas durante la semana de libros prohibidos, un proyecto auspiciado por la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos (ALA, por sus siglas en inglés) que destaca libros censurados y la importancia del acceso libre a la información. A mí, que nací y crecí en Cuba, esa hermosa isla que bajo la dura batuta de los hermanos Castro ha prohibido libros durante 56 años. ¡Y todavía lo sigue haciendo no con poco entusiasmo!

Las bibliotecas no me eran útiles en lo absoluto en mi tierra natal. La mayoría de los autores y libros que quería leer no estaban en sus catálogos. O figuraban ahí, pero me podrían haber metido en problemas por el simple hecho de hacer la pesquisa. Encabezaba la lista de los prohibidos el James Joyce cubano: Guillermo Cabrera Infante. Cabrera Infante —exiliado desde 1965 hasta su muerte en 2005— solía jactarse de que en un país donde la gente no tenía qué comer, los lectores estuvieran dispuestos a cambiar hasta tres latas de leche condensada por uno de sus libros. La combinación mágica de tener esas tres preciosas latas y conocer a una persona dispuesta a hacer el canje nunca se materializó para mí, lo que significa que a la larga lista de agravios que no les perdono a los Castro hay que agregar este: no haber leído a Cabrera Infante en Cuba, ese país que tanto amó y que recreó con tanta gracia y profundidad en su obra. Cuando logré escapar, ya de adulto, en 1999, una de las primeras cosas que hice con mi recién ganada autonomía fue buscar sus libros.

Escribir sobre la importancia de las bibliotecas públicas es, por supuesto, escribir sobre la importancia de la lengua y la libertad de expresar ideas en sociedad sin temor a represalias. Las palabras tienen un peso definitivo en mi isla. Lo sabe bien el artista y grafitero Danilo Maldonado Machado, alias El Sexto, quien acaba de pasar diez meses en prisión sin juicio bajo la acusación de “desacato agravado”. Amnistía Internacional lo consideró prisionero de conciencia. La razón del arresto: haber escrito las palabras “Fidel” y “Raúl” en los lomos de dos cerdos. El Sexto iba a soltar los animales en La Habana como parte de un performance. Pero fue detenido antes de que el performance tuviera lugar.

En una redada nocturna en marzo de 2003, el régimen cubano arrestó a un grupo de 75 activistas de derechos humanos, bibliotecarios y periodistas independientes, acusándolos de crímenes contra la soberanía nacional. Los cargos contra los bibliotecarios estaban relacionados con su voluntad de poner a disposición del público libros que habían sido prohibidos por la maquinaria castrista. Las condenas a los bibliotecarios independientes, la única fuente de acceso a libros prohibidos en la isla, oscilaron entre seis y 28 años. Por esos días, ALA no mostró ninguna solidaridad con sus colegas cubanos, optando por tomar partido con las bibliotecas gubernamentales. La posición institucional de las bibliotecas cubanas apoyaba la narrativa oficialista de que los ciudadanos privados (de su libertad) que abrían sus casas para prestar libros prohibidos eran agentes de la CIA.

Aunque la decisión fue controversial entre su membresía, ALA no ha cambiado públicamente su posición desde entonces. Si la libertad de expresión es un derecho fundamental en los Estados Unidos, ¿por qué esto no es aplicable a Cuba?

Aprovecho esta oportunidad para invitar a la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos a corregir su decisión con respecto a los bibliotecarios independientes cubanos. Al hacerlo, ALA continuará actuando en defensa de la importancia del acceso libre a la información y dará una muestra tardía de justicia poética.

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El original de este texto fue publicado, en inglés, en la edición de Montclair Times del 10 de diciembre de 2015.

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Haiku 109: Variaciones sobre un tema invernal

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Lluvia en el techo
de lata de mi infancia:
hoy eres nieve.

¿Qué es el mal tiempo:
la indómita ventisca
o la nostalgia?

Cae la nieve
y un piano desafina
en la distancia.

Nieva sin pausa.
Es marzo, y yo esperando
la primavera.

Con la tormenta,
algún sendero ignoto
se ha revelado.

Danzan los pinos
al ritmo de la nieve
desaforada.

Nieva y añoro
el bullicio incesante
de La Florida.

La nieve irrita.
Peor es el castrismo
y sus desmanes.

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La apertura cubana en el Nuevo Herald

La apertura cubana (maqueta)Entiéndase que cuando hablo de “la apertura cubana”, me refiero, obviamente, a la única visible: mi novela. (Sobre la farsa del deshielo, ya he comentado antes). Pero a lo que iba: el escritor y dibujante argentino Hernán Vera Álvarez ha reseñado mi libro para la página de Artes y Letras de el Nuevo Herald.

Aquí publico —no necesariamente en ese orden— la reseña y mi gratitud a Vera Álvarez.

Alexis Romay: la voz cubana
HERNÁN VERA ALVAREZ * ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

James Joyce lo hizo con Dublín, Jorge Luis Borges con Buenos Aires, y Guillermo Cabrera Infante con La Habana: construir una ciudad dorada desde la distancia que da la adultez. En Tres tristes tigres la metrópoli cubana es un territorio mítico, puerto cosmopolita, entrada y salida de aventureros, artistas, criminales. Hay un contrabando de ideas que se celebra. La apertura cubana, de Alexis Romay, también edifica un vínculo muy íntimo con su ciudad.

La novela comienza de una manera vertiginosa, en sintonía con la claridad de su prosa: un avión de línea es secuestrado y desviado hacia la Isla. Es el año 1996. Las autoridades someten a interrogatorio a una mujer —padre cubano, madre norteamericana—. La transcripción de esa confesión escurridiza –a la mujer se le antoja decir lo que quiere– se mezcla con las entradas de un diario de una muchacha habanera de nombre La Camilita durante la década de los ’80.

Aunque La apertura cubana sea literatura, en el modo que es un obra escrita para sostenerse en el papel, es una novela oral. “Esto no es nada comparado con lo que vas a escuchar”, uno de los epígrafes del trabajo, tomado de Las mil y una noches, señala las coordenadas de lectura. Así, en un momento de las letras que se tiende a escribir en un español estándar, la lengua popular es un recurso que utiliza el autor para mover cómodamente los destinos de los personajes.

Y aquí un detalle para nada menor: Romay tiene una sensibilidad para captar la voz de las mujeres, pero también lo que se esconde detrás de ella: la sutileza de la psique femenina. Tamaña empresa, sin duda, la de Alexis, ya que tantos autores han resbalado en esa intención provocando una serie de lugares comunes irresistibles. Hay ejemplos distintos, sin embargo, como los de Manuel Puig, Tomás Eloy Martínez o Antonio Orlando Rodríguez.

“¿Quieres que te haga el cuento de la buena pipa? Me alegra que no lo quieras escuchar, porque te tengo uno mejor y más macabro y que comienza así: la primera (y espero que la última) vez que esta que viste y calza durmió entre rejas, en una estación de policía, fue el sábado de la semana pasada. Eso de dormir es una artimaña narrativa, Esporádico. No pude pegar un ojo en toda la noche”, escribe La Camilita en una entrada del 1 de febrero de 1987.

Si La apertura cubana es ante todo una novela de la lengua, esa seña particular se hace evidente al contraponer las voces de las protagonistas. En la declaración de la mujer secuestrada, escuchamos: “Sí, mi madre participó como voluntaria de las brigadas Venceremos, y trabajó en un par de provincias e igual número de campamentos, pero a mí no me incrimine con sus creencias ideológicas —debería decir religiosas, que la ideología es una religión, como otra cualquiera— que yo no tengo nada que ver con eso: recuerde que su aventura cubana ocurrió en 1969, cuando yo todavía no había nacido”.

Los dos discursos, a la vez, gravitan en lo íntimo y en lo general en la realidad del régimen cubano: la represión, las fiestas salvajes, las charlas a la medianoche, el rock argentino, el ajedrez, el vino, humo de rebeldía. Más allá de las palabras —y en ellas— el lector se preguntará cómo esas dos vidas aparentemente distantes, finalmente, pueden unirse. Bajo la escritura de Alexis Romay el enigma seduce, como Scheherazade al lector.

@HVeraAlvarez

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El reencuentro

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a A. E.

Me fuiste a despedir al aeropuerto.
«Sospecho que te fugas», me dijiste.
Para variar, hicimos aquel chiste
repetido al final de algún concierto.

Pasó el tiempo y pasó por el mar muerto.
(El Caribe fue un cementerio triste).
Dijiste que vendrías, y viniste
(con pasaje de vuelta a aquel desierto).

Hoy vengo a recibirte en tierra extraña
(extraña para ti, pero ya mía):
mis laberintos son tus laberintos.

Hablamos del olvido, esa patraña.
Olvidamos hablar de ideología.
Somos los mismos. Somos tan distintos.

***
[Ilustración: Garrincha].

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Prueba de vida: Fidel Castro escribe una décima a Alexis Romay

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Por medio de la presente,
quiero pedirte, bloguero,
que no sigas dando cuero
a mi imagen penitente.
Aunque mi cuerpo esté ausente,
no permiten que me extinga
mis tres camisas de guinga,
mis notas, en prosa y verso,
que explican el universo,
los yogas y la moringa.

Enero 13 de 2014
3 y 40 p. m.

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