La apertura cubana

Hace un par de semanas, gracias a la gestión de Sudaquia Editores, Paquito D’Rivera moderó un panel sobre literatura cubana que incluía a los escritores Enrique del Risco, Grettel J. Singer, Osdany Morales y este escriba. La fiesta, que lo fue, tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Nueva York.

Les dejo este video de mi presentación, cortesía de Valerie Block, mi esposa.

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Homo cubensis (Whitman 2.0)

Me cito y me celebro a mí mismo,
y lo que tuiteo de mí debes retuitear,
pues cada carácter mío también te pertenece.
Me congratulo e invito a mis seguidores
a que me incluyan en sus favoritos;
y me inclino y contemplo plácidamente
como crece la hierba en las redes sociales.
Mi lengua, cada átomo de mi sangre,
formado en otro suelo, en otro aire,
nacido allá, de padres que nacieron allá,
cuyas madres y abuelas repitieron la hazaña
irrepetible de nacer, crecer y morir allá,
y ese catauro interminable que el lugar común
ha dado en denominar “mis raíces”,
me obligan a redactar este verso en español,
y heme aquí, ahora, a estos años incontables
—con una lista de lectores
que crece y decrece con las mareas
y mi opinión sobre el ser cubano—,
declarándome dispuesto a continuar la parranda.
Los grupos en Facebook, esa otra forma de malvivir,
ese estado de apatía que se acerca a la cosa en sí
para luego evitarla, me invitan
a cultivar Dios sabe qué en alguna granja,
o a intercambiar palabras con amigos,
o a jugar un partido de ajedrez,
o a que les dé mi santo y, ya que estamos, seña,
y se conforman con lo que son, y han olvidado.
Yo conservo la memoria, mal que me pese,
y me permito escribir en todo momento
sobre la naturaleza mía, que es tu naturaleza,
que es la naturaleza de quienes han leído estas líneas
y prometo hacerlo hasta el fin de los días,
cuando me apaguen el Morro de una vez y por siempre.

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Te doy una canción con mis dos manos

Mientras habla del salario mínimo y el desempleo, Residente, cantante (que algo hay que llamarlo) de Calle 13, le descarga un puñetazo a un fanático que subió a la tarima a abrazarlo. Un detalle baladí: al fanático lo tienen inmovilizado los miembros del séquito de Residente, lo que facilita que el golpe se cuele mejor en la caja torácica que segundos antes coreaba un estribillo sobre la justicia social.

Es notable el esfuerzo con el que Residente se desprende de su admirador y le pega un directo al ombligo, con las mismas manos de aguantar el micrófono.

Se puede escuchar al joven, desde el suelo, parafraseando a Bécquer:

—¿Qué es poesía? —dices mientras clavas
en mi estómago tu puño cerrado.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

HT: @enrisco.

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La apertura cubana: un magistral gambito literario

La apertura cubana (maqueta) Ojo, que eso de “magistral gambito literario” no lo digo yo. Lo dice Teresa Dovalpage en su reseña de la novela para la más reciente edición de Sub-urbano:

Cito:

La trama de La apertura cubana, que mezcla ajedrez en el tablero y verbal, se basa en una confusión de identidades. La pasajera del avión secuestrado, hija de padre cubano y madre judía, que sufre los interrogatorios de un burdo teniente de la Seguridad, ¿tiene o no algo que ver con la adolescente cubana autora de un querido (y esporádico) diario en el que echa pestes de todo lo humano y lo divino, comenzando por su madre y su hermana?

[Para continuar leyendo la reseña, que va seguida de una entrevista a este escriba, pasen por aquí].

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Clasificado de amor en los tiempos del cólera

Se extinguen las posadas habaneras.
Si quieres apretar, vete a otra parte.
Tendrás más suerte en el planeta Marte:
allí podrás posar tus posaderas.

No busques más refugio en las aceras.
Amar en las penumbras es un arte.
Siempre habrá alguien dispuesto a delatarte…
En esta casa harás lo que tú quieras.

El cuarto de la abuela está a tu alcance.
Si pagas más, puedes usar mi baño,
la habitación de mi hija, que está al lado,

y ella misma, si quieres, te da un chance…
Estamos disponibles todo el año.
El precio incluye aire acondicionado.

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Literatura cubana en el Instituto Cervantes

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Hoy, martes 18 de marzo, Paquito D’Rivera moderará un panel sobre literatura cubana con los escritores Enrique del Risco, Grettel J. Singer, Osdany Morales y este escriba. La fiesta, que lo será, tendrá lugar en el Instituto Cervantes de Nueva York (211 E 49th Street, NY, NY) a las 7:00 pm.

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Cien años de misoginia

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Como la ética es, o debería ser, la madre de todas las cosas, hace años había decidido dejar de leer la obra de Gabriel García Márquez. Mi incomodidad con el Nobel colombiano —originada en su complicidad con el régimen de Fidel Castro— podría parecer de índole ideológica, pero es moral. Aun así, a raíz de la publicación de su más reciente novela, me pudo la curiosidad. Quería ver si había valido la pena la espera a la que había condenado a sus lectores. De paso por una librería me dio por hojear Memorias de mis putas tristes. La oración inicial fue suficiente para corroborar lo que ya sabía: “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen”. Y lo que sabía era esto: sólo alguien que piense que se le puede permitir y perdonar todo se atrevería a comenzar un libro con una oración tan espantosa en todos los sentidos. Quien logre contener la arcada que provoca la imagen de este anciano depredador de una chiquilla tiene que enfrentarse a un cliché del tamaño del realismo mágico —“noche de amor loco con una adolescente virgen”— combinado con la conversión de la joven en un regalo y rematado con esa frase inicial, redundante y macarrónica. Con lo fácil que es escribir, damas y caballeros: “Cuando cumplí noventa años”.

Al comprobar lo mucho que había degenerado el otrora príncipe del boom le escribí un soneto satírico y decidí sepultarlo y vivir el resto de mis días sin volver a pensar en su obra. Pero el azar, que es caprichoso, tenía otros planes…

[Continúe la lectura en el número más reciente de la revista Replicante].

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